viernes, 8 de agosto de 2014

Tu verdad

Cuando Han-fei cruzó el Gran Río y entró en el Reino de los Dioses caminó mucho sin encontrar a nadie, con los ojos fijos en el suelo, para no ofender a nadie con quien tropezara mirándole sin su permiso. Al final llegó a una playa y esta se abría a un gran lago oscuro y tranquilo, como un espejo, y hermoso. Más hermoso aún era lo que veía en él: gloriosas cumbres de montaña, hilera tras hilera, que se elevaban majestuosas y estaban coronadas de nieve, tan elevadas que el cielo sobre ellas estaba eternamente punteado de estrellas. "¡Oh, que hermoso!" exclamó, y cayó de rodillas en gesto de adoración. Y una voz le dijo: "Esta es la imagen, Han-fei, ahora levanta la mirada y contempla la verdad". Y Han-fei levantó la mirada, y las montañas eran reales y rodeaban el lago en toda su majestad y no les molestaba que las mirara, y las conoció y las amó.

Puede ser que lo que compartías con la Pequeña Emperatriz sólo sea un reflejo de algo mayor y más verdadero que vendrá a ti, quizá ella llegó a ti para enseñarte el camino. Puede que fuera la imagen sobre la que ahora debes construir tu verdad.

Alma Alexander / "El lenguaje secreto del Jin-Shei"

sábado, 12 de octubre de 2013

La niña que silenció a la O.N.U

El 3 de junio de 1992 una niña de 13 años llamada Severn Suzuki, que a los 10 años había fundado ECO (Environmental Childrens Organization) con un grupo de amigos en Vancouver (Canadá), se desplazó, junto con otros niños pertenecientes a ECO, desde su ciudad hasta la Conferencia de Medioambiente y Desarrollo "The Earth Summit" que la ONU celebraba en Río de Janeiro (Brasil). Una vez allí pronunció el siguiente discurso. Han pasado más de veinte años y el discurso sigue siendo actual.


"Hola, soy Severn Suzuki representante de ECO (Environmental Children’s Organisation), Organización Infantil del Medio Ambiente. Somos un grupo de niños de 13 y 14 años de Canadá que intentamos lograr un cambio: Vanessa Suttie, Morgan Geisler, Michelle Quigg y yo.

Nosotros mismos hemos recaudado el dinero para venir aquí, y deciros a vosotros, adultos, que tenéis que cambiar vuestra forma de actuar. No he venido aquí a hablar de mis objetivos. Lucho por mi futuro.Perder mi futuro no es como perder unas elecciones o unos puntos en el mercado de valores.

Estoy aquí para hablar en nombre de todas las generaciones por venir. Estoy aquí para hablar en defensa de los niños hambrientos del mundo cuyos lloros siguen sin oírse. Estoy aquí para hablar por los incontables animales que mueren en este planeta porque no les queda ningún lugar adonde ir. No podemos soportar no ser oídos.Tengo miedo de tomar el sol a causa de los agujeros en la capa de ozono.

Tengo miedo de respirar el aire porque no sé qué sustancias químicas hay en él. Solía ir a pescar a Vancouver, mi hogar, con mi padre hasta que hace unos años encontramos un pez lleno de tumores. Y ahora oímos que los animales y las plantas se extinguen cada día, desvaneciéndose para siempre.Durante mi vida, he soñado con ver las grandes manadas de animales salvajes y las junglas y bosques repletas de pájaros y mariposas, pero ahora me pregunto si existirán siquiera para que mis hijos los vean.¿Se tuvieron que preguntar ustedes estas cosas cuando tenían mi edad?Todo esto ocurre ante nuestros ojos y seguimos actuando como si tuviéramos todo el tiempo que quisiéramos y todas las soluciones.

Soy sólo una niña y no tengo todas las soluciones, pero quiero que se den cuenta: ustedes tampoco las tienen.No saben cómo arreglar los agujeros en nuestra capa de ozono. No saben cómo recuperar los salmones de las aguas contaminadas. No saben cómo resucitar un animal que se ha extinguido. Y no pueden recuperar los bosques que antes crecían donde ahora hay desiertos.Si no saben como arreglarlo, por favor, dejen de estropearlo más.Aquí, deben de estar como delegados de gobiernos, gente de negocios, organizadores, reporteros o políticos, pero en realidad sois madres y padres, hermanos y hermanas, tías y tíos, y todos vosotros sois el hijo de alguien.Aún soy sólo una niña, y sé que todos somos parte de una familia formada por cinco billones de miembros, de hecho por treinta millones de especies, y todos compartimos el mismo aire, agua y tierra. Las fronteras y los gobiernos nunca cambiarán eso.Aún soy sólo una niña, y sé que todos estamos juntos en esto y debemos actuar como un único mundo tras un único objetivo.En mi rabia no estoy ciega, y en mi miedo no estoy asustada de decir al mundo cómo me siento.En mi país derrochamos tanto…

Compramos y despilfarramos, compramos y despilfarramos, y aún así los países del Norte no compartimos con los necesitados. Incluso teniendo más que suficiente, tenemos miedo de perder parte de nuestros bienes, tenemos miedo de compartir.En Canadá vivimos una vida privilegiada, plena de comida, agua y protección. Tenemos relojes, bicicletas, ordenadores y televisión.Hace dos días, aquí en Brasil, nos soprendimos cuando pasamos algún tiempo con unos niños que viven en la calle. Y uno de esos niños nos dijo: “Desearía ser rico, y si lo fuera, daría a todos los niños de la calle comida, ropas, medicinas, hogares y amor y cariño”.Si un niño de la calle que no tiene nada está deseoso de compartir, ¿por qué somos nosotros, que lo tenemos todo, tan avariciosos?No puedo dejar de pensar que esos niños tienen mi edad, que el lugar donde naces marca una diferencia tremenda, que podría ser uno de esos niños que viven en las favellas de Río; que podría ser un niño muriéndose de hambre en Somalia; una víctima de la guerra en Oriente Medio o un mendigo en India.Aún soy sólo una niña, pero sé que si todo el dinero gastado en guerras se utilizara para acabar con la pobreza y buscar soluciones medioambientales, qué lugar tan maravilloso sería la Tierra.En la escuela, incluso en la guardería, nos enseñan a comportarnos bien en el mundo. Ustedes nos enseñan a no pelear con otros, a arreglar las cosas, a respetarnos, a enmendar nuestras acciones, a no herir a otras criaturas, a compartir y a no ser avariciosos. ¿Entonces por qué salen fuera y se dedican a hacer las cosas que nos dicen que no hagamos?No olviden por qué asisten a estas conferencias, lo hacen porque nosotros somos sus hijos. Están decidiendo el tipo de mundo en el que creceremos. Los padres deberían poder tranquilizar a sus hijos diciendo: “todo va a salir bien”, “esto no es el fin del mundo” y “lo estamos haciendo lo mejor que podemos”.Pero no creo que puedan decirnos eso más. ¿Estamos siquiera en su lista de prioridades? Mi padre siempre dice: “Eres lo que haces, no lo que dices”.Bueno, lo que ustedes hacen me hace llorar por las noches.

Ustedes, adultos, dicen que nos quieren. 
Os desafío: por favor, haced que vuestras acciones reflejen vuestras palabras. Gracias"


jueves, 19 de septiembre de 2013

Y por escrito

Esto, que me quede claro, que no significa nada,
ha sido abrazarte como un niño en el sofá,
esperar a que termine la película,
y te he besado en los labios lentamente.

He cubierto tu cuerpo de caricias,
he surcado con mis manos tu cintura,
recorrido cada poro de tu cuerpo
con mis labios.

Y me abrazabas
mientras me iba deshaciendo de tu ropa,
mientras iba descubriendo tu hermosura
en plenitud.

Esto, después de diez meses de sueños
y cinco de intentos negados,
me queda claro, no ha sido nada.

Pero es lo que tiene liarse con un poeta,
que luego lo cuenta, y por escrito.

- Jorge Barco

martes, 17 de septiembre de 2013

Cuando sepas de mí

Cuando sepas de mí, tú disimula. No les cuentes que me conociste, ni que estuvimos juntos, no les expliques lo que yo fui para ti, ni lo que habríamos sido de no ser por los dos. Primero, porque jamás te creerían. Pensarán que exageras, que se te fue la mano con la medicación, que nada ni nadie pudo haber sido tan verdad ni tan cierto. Te tomarán por loca, se reirán de tu pena y te empujarán a seguir, que es la forma que tienen los demás de hacernos olvidar.

Cuando sepas de mí, tú calla y sonríe, jamás preguntes qué tal. Si me fue mal, ya se ocuparán de que te llegue. Y con todo lujo de detalles. Ya verás. Poco a poco, irán naufragando restos de mi historia contra la orilla de tu nueva vida, pedazos de recuerdos varados en la única playa del mundo sobre la que ya nunca más saldrá el sol. Y si me fue bien, tampoco tardarás mucho en enterarte, no te preocupes. Intentarán ensombrecer tu alegría echando mis supuestos éxitos como alcohol para tus heridas, y no dudarán en arrojártelo a quemarropa. Pero de nuevo te vendrá todo como a destiempo, inconexo y mal.

Qué sabrán ellos de tu alegría. Yo, que la he tenido entre mis manos y que la pude tutear como quien tutea a la felicidad, quizás. Pero ellos... nah.

A lo que iba.

Nadie puede imaginar lo que sentirás cuando sepas de mí. Nadie puede ni debe, hazme caso. Sentirás el dolor de esa ecuación que creímos resuelta, por ser incapaz de despejarla hasta el final. Sentirás el incordio de esa pregunta que jamás supo cerrar su signo de interrogación. Sentirás un qué hubiera pasado si. Y sobre todo, sentirás que algo entre nosotros continuó creciendo incluso cuando nos separamos. Un algo tan grande como el vacío que dejamos al volver a ser dos. Un algo tan pequeño como el espacio que un sí le acaba siempre cediendo a un no.

Pero tú aguanta. Resiste. Hazte el favor. Háznoslo a los dos. Que no se te note. Que nadie descubra esos ojos tuyos subrayados con agua y sal.

Eso sí, cuando sepas de mí, intenta no dar portazo a mis recuerdos. Piensa que llevarán días, meses o puede que incluso años vagando y mendigando por ahí, abrazándose a cualquier excusa para poder pronunciarse, a la espera de que alguien los acogiese, los escuchase y les diese calor. Son aquellos recuerdos que fabricamos juntos, con las mismas manos con las que construimos un futuro que jamás fue, son esas anécdotas estúpidas que sólo nos hacen gracia a ti y a mí, escritas en un idioma que ya nadie practica, otra lengua muerta a manos de un paladar exquisito.

Dales cobijo. Préstales algo, cualquier cosa, aunque sólo sea tu atención.

Porque si algún día sabes de mí, eso significará muchas cosas. La primera, que por mucho que lo intenté, no me pude ir tan lejos de ti como yo quería. La segunda, que por mucho que lo deseaste, tú tampoco pudiste quedarte tan cerca de donde alguna vez fuimos feliz. Sí, feliz. La tercera, que tu mundo y el mío siguen con pronóstico estable dentro de la gravedad. Y la cuarta, -por hacer la lista finita-, que cualquier resta es en realidad una suma disfrazada de cero, una vuelta a cualquier sitio menos al lugar del que se partió.

Nada de todo esto debería turbar ni alterar tu existencia el día que sepas de mí. Nada de todo esto debería dejarte mal. Piensa que tú y yo pudimos con todo. Piensa que todo se pudo y todo se tuvo, hasta el final.

A partir de ahora, tú tranquila, que yo estaré bien. Me conformo con que algún día sepas de mí, me conformo con que alguien vuelva a morderte de alegría, me basta con saber que algún día mi nombre volverá a rozar tus oídos y a entornar tus labios. Esos que ahora abres ante cualquiera que cuente cosas sobre mí.

Por eso, cuando sepas de mí, no seas tonta y disimula.

Haz ver que me olvidas.

Y me acabarás olvidando.

 De verdad.

- Risto Mejide

lunes, 29 de julio de 2013

Des/amores que matan

Lo miré, obteniendo un penetrante placer al hacerlo, un placer exquisito y a la vez doloroso, oro puro con un acerado punto de agonía: un placer como el que debe de sentir alguien que, a punto de morir de sed, descubre que las aguas del pozo están envenenadas, pero no puede resistirse a beberlas y colma su ansia de líquido con amargos tragos que le saben a gloria. 

Charlotte Brontë / "Jane Eyre"

lunes, 20 de mayo de 2013

Fermín Romero de Torres, genio y figura

- Ay granujilla, qué callado se lo tenía usted. Y qué niña, oiga, para cortar el tráfico. De un fino que de qué. Se conoce que ha ido a buenos colegios, aunque tenía un vicio en la mirada... Mire, si no tuviese yo el corazón robado por la Bernarda, porque no le he contado a usted todavía lo de nuestra merienda... chispas salían, oiga, chipas, que parecía la noche de San Juan...

- Fermín -le corté-. ¿De qué demonios está usted hablando?

- De su novia.

- Yo no tengo novia, Fermín.

- Bueno, ahora ustedes los jóvenes a eso lo llaman cualquier cosa, "güirlfriend" o...

- Fermín, rebobine. ¿De qué está hablando?

Fermín Romero de Torres me miró desconcertado, juntando los dedos de una mano y gesticulando al uso siciliano.

- A ver. Esta tarde, hará cosa de una hora u hora y media, una señorita de bandera pasó por aquí y preguntó por usted. Su padre de usted y servidor estábamos de cuerpo presente y le puedo asegurar sin lugar a dudas que la muchacha no tenía las pintas de ser un aparecido. Le podría describir a usted hasta el olor. A lavanda, pero más dulce. Como un bollito recién hecho.

- ¿Dijo acaso el bollito que era mi novia?

- Así, con todas las palabras no, pero sonrió como de refilón, ya sabe usted... y dijo que le esperaba el viernes por la tarde. Nosotros nos limitamos a sumar dos y dos.

- Bea... -murmuré yo.

- Ergo, existe -apuntó Fermín, aliviado.

- Si, pero no es mi novia

- Pues no sé a qué está usted esperando

- Es la hermana de Tomás Aguilar

- ¿Su amigo el inventor?

Asentí.

-Razón de más. Ni que fuese la hermana de Gil Robles, óigame; porque está buenísima. Yo en su lugar, estaría a la que salta.

- Bea ya tiene novio. Un alférez que está haciendo el servicio.

- Ah, el ejército, lacra y reducto tribal del gremialismo simiesto. Mejor, porque así puede usted ponerle la cornamenta sin remordimientos.

- Delira usted, Fermín. Bea se va a casar cuando el alférez termine el servicio.

- Pues mire usted por donde, a mí me da como que no, que ésa no se casa.

- Usted que sabrá.

- De mujeres, y de otros menesteres mundanos, bastante más que usted. Como nos enseña Freud, la mujer desea lo contrario de lo que piensa o declara, lo cual, bien mirado, no es tan terrible porque el hombre, como nos enseña Perogrullo, obedece por contra al dictado de su aparato genial o digestivo.


Carlos Ruiz Zafón / "La sombra del viento"

Lo difícil

"Uno puede enamorarse
-sin demasiado esfuerzo-
varias veces al día,
a nada
que se lo proponga
y se mueva un poco por ahí;
y si es verano, ni te cuento.

Enamorarse no tiene
mayor mérito.
Lo realmente difícil
-no conozco
ningún caso-,
es salir entero
de una historia de amor"

- Karmelo C. Iribarren; "Lo difícil"

jueves, 9 de mayo de 2013

You knew

"When I saw you
I fell in love, and
you smiled
because you knew"

William Shakespeare

domingo, 10 de febrero de 2013

Así que quieres ser escritor, ¿eh?

"si no brota de ti a borbotones
a pesar de todo,
ni lo intentes.
a menos que te salga por voluntad propia
del corazón y la mente y la boca
y las entrañas,
ni lo intentes.
si tienes que permanecer horas sentado
mirando la pantalla del ordenador
o encorvado sobe la
máquina de escribir
en busca de palabras,
ni lo intentes.
si lo haces por el dinero o
la fama,
ni lo intentes.
si lo haces porque quieres
mujeres en la cama
ni lo intentes.
si tienes que sentarte y
rehacerlo una y otra vez,
ni lo intentes.
si sólo pensar en ello ya te cuesta trabajo,
ni lo intentes.
si quieres escribir como algún
otro,
olvídalo.

si tienes que esperar a que salga de ti
con un rugido,
entonces espera tranquilo.
si no llega a salir de ti con un rugido,
dedícate a otra cosa.
si primero se lo tienes que leer a tu esposa
o a tu novia o tu novio
a tus padres o quienquiera que sea,
no estás preparado.

no seas como tantos otros escritores,
no seas como tantos miles de
personas que se llaman escritores,
no seas soso, aburrido y
pretencioso, no te dejes consumir por el
narcisismo.
las bibliotecas del mundo
se han dormido de
aburrimiento
con los de tu calaña.
no lo empeores.
ni lo intentes.
a menos que te salga
del alma como un cohete,
a menos que creas que la inactividad
te llevaría a la locura o
al suicidio o al asesinato,
ni lo intentes.
a menos que el sol en tu interior te
abrase las entrañas,
ni lo intentes.

cuando de veras sea la hora,
y si estás entre los escogidos,
cobrará vida por
si mismo y seguirá cobrándola
hasta que mueras o muera
en ti.

no hay otra manera.

ni la hubo nunca"

- Charles Bukowski

sábado, 2 de febrero de 2013

El precio de la libertad

"Lo supe siempre. No hay nadie que aguante la libertad ajena; a nadie le gusta vivir con una persona libre. Si eres libre, ése es el precio que tienes que pagar: la soledad"                                                                                                                               
                                                                                                              - Chavela Vargas

martes, 8 de enero de 2013

Talking in your sleep

"I dream about you

too much

And sometimes I lose myself in those dreams
And I imagine the way you breathe
And if you talk in your sleep
And the way I'd kiss you awake

But then I have to remind myself
that you won't be here when I wake up
So I return to what I was doing all day
just missing you
And I guess that's why
I'm afraid of the dark"

-Anonymous


Leer esto me ha recordado a la versión que hizo The Civil Wars de "Talking in your sleep" de The Romantics. Una maravilla:




miércoles, 17 de octubre de 2012

Jóvenes españoles por el mundo

No se van en trenes con maletas de cartón pero llevan sus bienes más preciados: un portátil, un móvil de última generación regalado por un familiar o conseguido a base de una lucha de puntos sin cuartel. Suelen tomar un vuelo de bajo coste, cazado pacientemente en las redes de Internet. Se van a hacer un máster, o han logrado una mal llamada beca Erasmus que costará a la familia la mitad de sus ahorros. Otras veces van a hacer de au-pair, de auxiliar de conversación, o a cualquier trabajo temporal. La familia va a despedirlos a la puerta de embarque y mientras se alejan disimularán unos su pena y otros su incipiente desamparo. "Es por poco tiempo -se dicen-. Dominarán el idioma, conocerán mundo... regresarán en pocos meses".

Hasta hace poco era un privilegio de los nuevos tiempos que les permitía gozar de una libertad sin límites, de un mundo sin fronteras, de una capacidad casi infinita de aprendizaje... Hasta que llegó la crisis y la maleta pareció distinta, la espera en la fila de embarque más embarazosa, la despedida más triste y el fantasma de la ausencia definitiva más cercano. 

No. No llevan maletas de cartón, ni hay aglomeraciones en el andén de la despedida. No se marchan en grupo, sino uno a uno. Aparentemente nada les obliga. Ha sido una cadena invisible de acontecimientos. Estuvieron allí hace unos años, o tienen una amiga que les ha informado de que puede encontrar algún trabajo con facilidad. No pagarán mucho, eso es seguro, pero podrán ganarse la vida con cierta facilidad... a fin de cuentas aquí no hay nada.

Y se marchan poco a poco, sin alboroto alguno. Un goteo incesante de savia nueva que sale sin ruido de nuestro país, desmintiendo la vieja quimera de que la historia es un caudal continuo de mejoras.

No hay estadísticas oficiales sobre ellos. Nadie sabe cuántos son ni adonde se dirigen. No se agrupan bajo el nombre oficial de emigrantes. Son, más bien, una microhistoria que se cuenta entre amigos y familiares. "Mi hija está en Berlín", "se ha marchado a Montpellier", "se fue a Dubai" son frases que escuchamos sin reparar en el significado exacto que comportan. Escapan a las estadísticas de la emigración porque suelen tener un nivel alto de estudios y no se corresponden con el perfil típico de lo que pensamos que es un emigrante. Quizá en las cuentas oficiales figuren como residentes en el extranjero, pero deberían aparecer como nuevos exiliados producto de la ceguera de nuestro país.

En los tiempos de crisis que detallan cada euro gastado nadie computa los centenares de miles de euros empleados en su formación y regalados a empresarios de más allá de nuestras fronteras con una torpeza sin límites, con una ignorancia sin parangón. Menos aún se cuantifican el esfuerzo de sus familias, las ilusiones perdidas y sus sueños rotos en mil pedazos.

No llevan maletas de cartón, pero componen un nuevo éxodo que azota especialmente a Andalucía, que dispersa a nuestros jóvenes por toda Europa y gran parte del mundo, que nos priva de su saber, de su aportación y de su compañía. Pero, aparentemente nadie se escandaliza por esta fuga de cerebros, lenta pero inexorable, que nos privará de muchos de nuestros mejores talentos. Nadie protesta por esta nueva oleada de exiliados que son una acusación silenciosa del fracaso y de engaño. Se van en silencio por el túnel de embarque en el que les alcanzará la melancolía por la pérdida temprana de su tierra.

No son, como dicen, una generación perdida para ellos mismos. No son los socorridos ni-nis que sirven para culpar a la juventud de su falta de empleo. Son una generación perdida para nuestro país y para nuestro futuro. Un tremendo error que pagaremos muy caro en forma de atraso, de empobrecimiento intelectual y técnico. Aunque todavía no lo sepamos. 


- Concha Caballero

domingo, 9 de septiembre de 2012

I know

"You could live a hundred lifetimes and not deserve him, you know"
                                                                                                       - Haymitch Abernathy

Suzanne Collins / "En llamas"

domingo, 2 de septiembre de 2012

"Yuan"

Era un día de pleno verano, cálido, lánguido, repleto de satisfacción y de sensación de seguridad, de estar a salvo, como si no hubiera nada malo en el mundo y nunca lo fuera a haber, como si la pena resultara extraña y no hubiera huérfano o viuda que hubiera pisado esa tierra sagrada en la que ambos se sentaban con la brisa del estío agitando sus cabellos, como si ningún pensamiento triste pudiera pasársele por la cabeza a ninguno de los seres vivos que respiraban aire y vida. Eran dos personas abrazadas por el verano y, de alguna forma, entre sí: la mera presencia de uno en este lugar completaba la del otro.

Baya-Dan tenía una palabra para esto. Una vez, hace mucho tiempo, cuando Amais no era sino una niña pequeña, baya-Dan había hablado del yuan, relaciones que estaban destinadas a suceder, gente que estaba condenada a conocerse, que tenía que encontrarse, que sin darse cuenta cambiarían las circunstancias del mundo en el que habitaban para que su camino se cruzara con el de esa otra persona, habiendo nacido ambos para compartir el mismo aire, la misma luz, el mismo día de verano. 

Alma Alexander / "Las cenizas del cielo"

sábado, 1 de septiembre de 2012

Miedo

"La emoción más antigua y más intensa de la humanidad es el miedo, y el más antiguo y más intenso de los miedos es el miedo a lo desconocido"

                                                                                                                             - Howard P. Lovecraft

miércoles, 4 de julio de 2012

Todo en caja

La vida es una mudanza que dura un dato. Ése que mide la distancia entre tu primera clínica y tu último hospital. Todo lo que te ocurra en medio, te ocurrirá entre la única vez que no ingreses por tu propio pie y la única vez que ya no haga falta que te den el alta. Y mientras tanto, pues nada, ahí estás, entrado y saliendo de vez en cuando, algunas por prevención, otras por sorpresa, otras por prescripción, la mayoría con miedo.

El caso es que escribo esto sentado sobre una de las cuarenta y pico cajas que contienen todo aquello que me ata, me lastra y, de algún modo, me posee. El caso es que escribo esto desde la diferencia entre lo que algún día tuve y lo que ya perdí, en definitiva, escribo esto apunto de mover todo lo que algún día decidí mantener. Y es que cuando te mudas, la memoria se cosifica. Todos tus recuerdos, emociones y sentimientos cristalizan en tres tipos de objetos.

En primer lugar están las cosas que creías tener. Las cosas que creías tener poseen un tamaño expansivo directamente proporcional a su velocidad, y si no, comprueba lo poco que ocupaban hasta el momento en el que decidiste cambiarlas de lugar. Si en algún arrebato de propiedad creíste que eran tuyas, vete preparando para desprenderte de las primeras candidatas a abandonarte y desaparecer por el trayecto. Son las cosas más parecidas a las personas, las echarás de menos sólo cuando ya sea demasiado tarde. 

En segundo lugar figuran las cosas que creías haber perdido. Las cosas que creías haber perdido tienen hoy la misma utilidad que las amantes de un marido enamorado en su noche de bodas. Es decir, ninguna. Fueron necesarias en su momento, seguramente reemplazadas por otras que tenías más a mano,. y relegadas más tarde a una incómoda posición de la que hoy tienen difícil salida. Por no decir, de nuevo, ninguna.

Por último, están las cosas que ni siquiera sabías que alguna vez tuviste. Son cosas que jamás has necesitado. La pregunta está más que clara. Si has vivido todos estos años sin ellas, para qué las guardas. Si jamás las echaste de menos, por qué las mantienes. Aquí nos suele asaltar algún tipo de valor absurdo e inexplicable que atribuimos al objeto, tasándolo sentimental o económicamente, sin que todo ello tenga demasiado sentido. Creemos que ses valor no puede ser desperdiciado y acabamos guardándolo de nuevo, en un por si acaso, en un vete a saber.

Meter tu pasado en una caja te da cuenta de lo frágiles que llegamos a ser. Lo dependientes que somos de lo que fuimos. Lo ingenuamente libres que nos pensamos. Lo mucho que deberíamos descomprar. O deshacer. O descubrir.

Quizá por eso la mudanza siga constando, año tras año, entre las principales causas de separación. Colisión múltiple de estrés, frustraciones, ataduras e incompatibilidades, todo junto en un camión, rumbo a ninguna parte. O quizá no. En fin, da igual. 

Lo que tengo claro es que hoy toca inventario de souvenirs para este único viaje de ida, que es mi existencia.

Hoy declaro diferencias entre esos 20 metros cúbicos y yo.

Hoy nada pesa lo que realmente ocupa.

Hoy todo en caja.


- Risto Mejide

domingo, 17 de junio de 2012