lunes, 18 de mayo de 2009

Hasta siempre, abuelo...

Siempre podremos reencontrarnos entre las páginas amarillentas que custodian tus versos, siempre estarás vivo dentro de nosotros. A pesar de lo reconfortante de ello, el amanecer hoy daba paso a un mundo más triste y vacío...


CHAU NUMERO TRES

Te dejo con tu vida
tu trabajo
tu gente
con tus puestas de sol
y tus amaneceres.

Sembrando tu confianza
te dejo junto al mundo
derrotando imposibles
segura sin seguro.

Te dejo frente al mar
descifrándote sola
sin mi pregunta a ciegas
sin mi respuesta rota.

Te dejo sin mis dudas
pobres y malheridas
sin mis inmadureces
sin mi veteranía.

Pero tampoco creas
a pie juntillas todo
no creas nunca creas
este falso abandono.

Estaré donde menos
lo esperes
por ejemplo
en un árbol añoso
de oscuros cabeceos.

Estaré en un lejano
horizonte sin horas
en la huella del tacto
en tu sombra y mi sombra.

Estaré repartido
en cuatro o cinco pibes
de esos que vos mirás
y enseguida te siguen.

Y ojalá pueda estar
de tu sueño en la red
esperando tus ojos
y mirándote.


miércoles, 6 de mayo de 2009

Interiorización

“En el fondo, puedo ser muy tierno, muy cálido y, a la vez, cuando se me ocurre, puedo ser también tan frío y brutal como un monstruo. Existen en mí esas dos cosas. Soy una paradoja viviente”

                                                                                                                      - Henry Miler

sábado, 2 de mayo de 2009

Sobre la infidelidad

Somos mentalmente promiscuos, instintivamente polígamos. Vemos un cuerpo atractivo y nuestra mente empieza a desnudarlo, a besarlo, a follarlo. No podemos resistirnos. Entonces tanteamos, sopesamos las distintas variables y decidimos, codiciados por un fervor ancestral, si debemos intentar materializar ese pensamiento o bien dejarlo en su naturaleza intangible. La mayoría de ocasiones no sobrepasa las fronteras de nuestra imaginación: “el otro no accederá” o “qué pensará de mí” o “demasiado esfuerzo” o “tengo pareja”. Pero sea cuál sea el motivo que marca la diferencia entre deseo y acto, una parte de nosotros ha practicado el sexo con ese cuerpo atractivo, ha recorrido su geografía, ha sorbido su erotismo.

Somos pues mentalmente promiscuos e instintivamente polígamos. Pero ese no es exactamente el problema, sino la perpetua infidelidad mental que esto conlleva cuando uno vive un romance -qué idea tan poco romántica, por cierto–. Puede que mi novio nunca llegue a recorrer el cuerpo de otra con su lengua y sus labios, pero sí lo hará con sus sueños y deseos. El 100% del tiempo, estoy expuesta a ser abstractamente cornuda: cuando él va al súper, cuando está durmiendo, incluso cuando me folla, es posible que su cabecita esté hincándola en otra. La infidelidad mental, onírica, intangible (como se le quiera llamar) es inevitable, por lo que la búsqueda de su homóloga material empieza a parecerme absurda. La persecución a ultranza de la monogamia es incoherente porque nuestra propia condición nos lo impide. Reprimimos nuestros instintos sexuales en la vida real, sí; pero con ello potenciamos el fervor de los sueños, la tentación de lo prohibido, el poder de la fantasía.

La diferencia entre mi novio y el resto de hombres de la tierra es que, pese a haberse acostado conmigo o no, él goza de mi corazón, mi amor, algo no material que hace que nuestra unión se perpetúe una vez que saca su polla de mí. Siempre estamos fusionados, las 24 horas del día. Y eso no se lo imagina cuando ve un cuerpo atractivo. No obstante, me enerva que materialice sus sueños eróticos con otras. Sé que mi unión es duradera, palpable y espiritual; mientras que con las que se pueda tirar, su fusión será tan escueta como el mismo coito. Pero no lo puedo soportar. Sin embargo, soy mucho más permisiva cuando otras, bajo el nombre de amigas, van entrando poco a poco en su corazón, sin sexo, consolidando una coyuntura sólida, duradera, haciéndose un hueco en su vida. Somos mentalmente promiscuos, pero lo peor de todo es que somos totalmente incoherentes.

- Miriam M.

viernes, 24 de abril de 2009

Gitanos

Aquellos gitanos siempre
andaban bailando sobre los tejados planos de las casas
lo cual era incomprensible
porque aquellas casas no tenían escalera alguna,
ni tejados siquiera.

Los gitanos vivían en Urbarte
al otro lado del cementerio de bicicletas
acurrucados entre los esqueletos raquíticos
de aquellos edificios.

Aquellas obras llevaban muchos años paralizadas
eran casas a medio construir,
aquellas estructuras grises dejaban entrever las vísceras
del edificio que no tenía pulmones ni corazones
solamente camisas naranjas colgando
de los andamios de hormigón.

Todas las noches encendían fuego, y el olor a sudor
y a neumáticos calcinados
llegaba hasta el pueblo.

Una vez un amigo nos dijo
que el sudor de los gitanos era negro
porque eran descendientes
de los caníbales.

Nosotros, le creímos.

Contaban las malas lenguas
(contaban las buenas lenguas)
que eran cientos de ellos y que el nuevo alcalde
los había traído para ganar de nuevo
las elecciones, dándoles cobijo contra la tormenta
a cambio de sus votos.

Al otro lado del cementerio de bicicletas
parían a sus hijos
allí enterraban a los muertos de noche
en grescas afiladas con puñal y espada
allí enterraban a los muertos de noche
en un ring de ceniza
a escondidas del mundo, entre ladridos y sueños
de perro.

Nosotros les temíamos.

Robaban nuestras bicicletas y las pintaban de un negro caníbal
para que ya nunca jamás pudiésemos volver
a reconocerlas.
Eran Los Gitanos.

Había uno llamado Federico García,
al que sin embargo todos llamaban Agoacao
y que quería ser bailarín de claqué.

Había otro de carrillos rojizos, conocido
como Tonetti
y también otro de mirada esquiva que se hacía llamar
El Malasnoticias
porque ésa era su forma de saludar
«amigos, traigo malas noticias»,
bien para añadir a renglón seguido entre sollozos
«pronto la va a diñar el hermano Pepe»,
o bien para decir preso de enajenada alegría
«se va a casar la Carmencita».

Empecé a quererles
—demasiado tarde, lo reconozco—
cuando El Malasnoticias, calado hasta los huesos
llegó caminando despacio hasta mí
y me preguntó tras aquel «traigo malas noticias» de siempre
si era yo de verdad el payito de la zapatería.

Así le habían dicho, así había oído.

Ya lo he dicho, era un día lluvioso
y El Malasnoticias quería un par de zapatos
para enterrar al Agoacao.
-Para que los perros no le muerdan los sueños, payito-

Harkaitz Cano / "Gitanos"

miércoles, 15 de abril de 2009

Cuatro

Esta noche los cuatro
nos damos libremente, como obsequios. 
 Ya no somos parejas y formamos
un cí­rculo perfecto.

Un placer sin palabras,
algo así­ como un juego de calor,
mas con las mismas mañas
del amor entre dos.

Y el latido de manos y de bocas
con su idioma de sed:
en cada piel absorta que se posan
tocan un corazón bajo la piel.

Sobre este cuarto ha descendido el mundo,
la luz intacta de la vida breve
envolviéndonos juntos
mientras la noche afuera dura y llueve.

No volveré a estar solo.
Después de haber amado así­, la muerte
no me tendrá del todo.

- Jose Luis Piquero

miércoles, 1 de abril de 2009

El desdichado

"Je suis le Ténébreux -le Veuf,- l'Inconsolé,
Le Prince d'Arquitaine à la Tour abolie:
Ma seule Étoile est morte, -et mon luth constellé
Porte le Soleil noir de la Mélancolie
Dans la nuit du Tombeau, Toi qui m'as consolé,
Rends-moi le Pausilippe et la mer d'Italie,
La fleur qui plasait tant à mon coeur désolé,
Et la treille où le Pampre à la Rose s'allie.
Suis-je Amour ou Phoebus? ... Lusignan on Biron?
Mon front est rouge encor du baiser de la reine;
J'ai rêvé dans la Grotte où nage la Sirène...
Et j'ai deux fois vainqueur traversé l'Achéron:
Modulant tour a tour sur le lyre d'Orphée
Les soupirs de la sainte et les cris de la Fée"

- Gerard de Nerval

Retos

¿Y si te quito el nombre? Si consigo que no te evoque
Si puedo oirlo sin cerrar los ojos
para impedir el paso de las lágrimas?
¿Y si te quito el nombre?
Si lo convierto en un nombre como otro cualquiera
¿Qué quedará de tí?

Nada.

- Lucía Etxebarría