Esto, que me quede claro, que no significa nada,
ha sido abrazarte como un niño en el sofá,
esperar a que termine la película,
y te he besado en los labios lentamente.
He cubierto tu cuerpo de caricias,
he surcado con mis manos tu cintura,
recorrido cada poro de tu cuerpo
con mis labios.
Y me abrazabas
mientras me iba deshaciendo de tu ropa,
mientras iba descubriendo tu hermosura
en plenitud.
Esto, después de diez meses de sueños
y cinco de intentos negados,
me queda claro, no ha sido nada.
Pero es lo que tiene liarse con un poeta,
que luego lo cuenta, y por escrito.
- Jorge Barco
jueves, 19 de septiembre de 2013
martes, 17 de septiembre de 2013
Cuando sepas de mí
Cuando sepas de
mí, tú disimula. No les cuentes que me conociste, ni que estuvimos juntos, no
les expliques lo que yo fui para ti, ni lo que habríamos sido de no ser por los
dos. Primero, porque jamás te creerían. Pensarán que exageras, que se te fue la
mano con la medicación, que nada ni nadie pudo haber sido tan verdad ni tan
cierto. Te tomarán por loca, se reirán de tu pena y te empujarán a seguir, que
es la forma que tienen los demás de hacernos olvidar.
Cuando sepas de
mí, tú calla y sonríe, jamás preguntes qué tal. Si me fue mal, ya se ocuparán
de que te llegue. Y con todo lujo de detalles. Ya verás. Poco a poco, irán
naufragando restos de mi historia contra la orilla de tu nueva vida, pedazos de
recuerdos varados en la única playa del mundo sobre la que ya nunca más saldrá
el sol. Y si me fue bien, tampoco tardarás mucho en enterarte, no te preocupes.
Intentarán ensombrecer tu alegría echando mis supuestos éxitos como alcohol
para tus heridas, y no dudarán en arrojártelo a quemarropa. Pero de nuevo te
vendrá todo como a destiempo, inconexo y mal.
Qué sabrán ellos
de tu alegría. Yo, que la he tenido entre mis manos y que la pude tutear como
quien tutea a la felicidad, quizás. Pero ellos... nah.
A lo que iba.
Nadie puede
imaginar lo que sentirás cuando sepas de mí. Nadie puede ni debe, hazme caso.
Sentirás el dolor de esa ecuación que creímos resuelta, por ser incapaz de
despejarla hasta el final. Sentirás el incordio de esa pregunta que jamás supo
cerrar su signo de interrogación. Sentirás un qué hubiera pasado si. Y sobre
todo, sentirás que algo entre nosotros continuó creciendo incluso cuando nos
separamos. Un algo tan grande como el vacío que dejamos al volver a ser dos. Un
algo tan pequeño como el espacio que un sí le acaba siempre cediendo a un no.
Pero tú aguanta.
Resiste. Hazte el favor. Háznoslo a los dos. Que no se te note. Que nadie
descubra esos ojos tuyos subrayados con agua y sal.
Eso sí, cuando
sepas de mí, intenta no dar portazo a mis recuerdos. Piensa que llevarán días,
meses o puede que incluso años vagando y mendigando por ahí, abrazándose a
cualquier excusa para poder pronunciarse, a la espera de que alguien los
acogiese, los escuchase y les diese calor. Son aquellos recuerdos que fabricamos
juntos, con las mismas manos con las que construimos un futuro que jamás fue,
son esas anécdotas estúpidas que sólo nos hacen gracia a ti y a mí, escritas en
un idioma que ya nadie practica, otra lengua muerta a manos de un paladar
exquisito.
Dales cobijo.
Préstales algo, cualquier cosa, aunque sólo sea tu atención.
Porque si algún
día sabes de mí, eso significará muchas cosas. La primera, que por mucho que lo
intenté, no me pude ir tan lejos de ti como yo quería. La segunda, que por
mucho que lo deseaste, tú tampoco pudiste quedarte tan cerca de donde alguna
vez fuimos feliz. Sí, feliz. La tercera, que tu mundo y el mío siguen con
pronóstico estable dentro de la gravedad. Y la cuarta, -por hacer la lista
finita-, que cualquier resta es en realidad una suma disfrazada de cero, una
vuelta a cualquier sitio menos al lugar del que se partió.
Nada de todo esto
debería turbar ni alterar tu existencia el día que sepas de mí. Nada de todo
esto debería dejarte mal. Piensa que tú y yo pudimos con todo. Piensa que todo
se pudo y todo se tuvo, hasta el final.
A partir de ahora,
tú tranquila, que yo estaré bien. Me conformo con que algún día sepas de mí, me
conformo con que alguien vuelva a morderte de alegría, me basta con saber que
algún día mi nombre volverá a rozar tus oídos y a entornar tus labios. Esos que
ahora abres ante cualquiera que cuente cosas sobre mí.
Por eso, cuando
sepas de mí, no seas tonta y disimula.
Haz ver que me
olvidas.
Y me acabarás
olvidando.
De verdad.
- Risto Mejide
lunes, 29 de julio de 2013
Des/amores que matan
Lo miré, obteniendo un penetrante placer al hacerlo, un placer exquisito y a la vez doloroso, oro puro con un acerado punto de agonía: un placer como el que debe de sentir alguien que, a punto de morir de sed, descubre que las aguas del pozo están envenenadas, pero no puede resistirse a beberlas y colma su ansia de líquido con amargos tragos que le saben a gloria.
Charlotte Brontë / "Jane Eyre"
lunes, 20 de mayo de 2013
Fermín Romero de Torres, genio y figura
- Ay granujilla, qué callado se lo tenía usted. Y qué niña, oiga, para cortar el tráfico. De un fino que de qué. Se conoce que ha ido a buenos colegios, aunque tenía un vicio en la mirada... Mire, si no tuviese yo el corazón robado por la Bernarda, porque no le he contado a usted todavía lo de nuestra merienda... chispas salían, oiga, chipas, que parecía la noche de San Juan...
- Fermín -le corté-. ¿De qué demonios está usted hablando?
- De su novia.
- Yo no tengo novia, Fermín.
- Bueno, ahora ustedes los jóvenes a eso lo llaman cualquier cosa, "güirlfriend" o...
- Fermín, rebobine. ¿De qué está hablando?
Fermín Romero de Torres me miró desconcertado, juntando los dedos de una mano y gesticulando al uso siciliano.
- A ver. Esta tarde, hará cosa de una hora u hora y media, una señorita de bandera pasó por aquí y preguntó por usted. Su padre de usted y servidor estábamos de cuerpo presente y le puedo asegurar sin lugar a dudas que la muchacha no tenía las pintas de ser un aparecido. Le podría describir a usted hasta el olor. A lavanda, pero más dulce. Como un bollito recién hecho.
- ¿Dijo acaso el bollito que era mi novia?
- Así, con todas las palabras no, pero sonrió como de refilón, ya sabe usted... y dijo que le esperaba el viernes por la tarde. Nosotros nos limitamos a sumar dos y dos.
- Bea... -murmuré yo.
- Ergo, existe -apuntó Fermín, aliviado.
- Si, pero no es mi novia
- Pues no sé a qué está usted esperando
- Es la hermana de Tomás Aguilar
- ¿Su amigo el inventor?
Asentí.
-Razón de más. Ni que fuese la hermana de Gil Robles, óigame; porque está buenísima. Yo en su lugar, estaría a la que salta.
- Bea ya tiene novio. Un alférez que está haciendo el servicio.
- Ah, el ejército, lacra y reducto tribal del gremialismo simiesto. Mejor, porque así puede usted ponerle la cornamenta sin remordimientos.
- Delira usted, Fermín. Bea se va a casar cuando el alférez termine el servicio.
- Pues mire usted por donde, a mí me da como que no, que ésa no se casa.
- Usted que sabrá.
- De mujeres, y de otros menesteres mundanos, bastante más que usted. Como nos enseña Freud, la mujer desea lo contrario de lo que piensa o declara, lo cual, bien mirado, no es tan terrible porque el hombre, como nos enseña Perogrullo, obedece por contra al dictado de su aparato genial o digestivo.
Carlos Ruiz Zafón / "La sombra del viento"
Carlos Ruiz Zafón / "La sombra del viento"
Lo difícil
"Uno puede enamorarse
-sin demasiado esfuerzo-
varias veces al día,
a nada
que se lo proponga
y se mueva un poco por ahí;
y si es verano, ni te cuento.
Enamorarse no tiene
mayor mérito.
Lo realmente difícil
-no conozco
ningún caso-,
es salir entero
de una historia de amor"
- Karmelo C. Iribarren; "Lo difícil"
-sin demasiado esfuerzo-
varias veces al día,
a nada
que se lo proponga
y se mueva un poco por ahí;
y si es verano, ni te cuento.
Enamorarse no tiene
mayor mérito.
Lo realmente difícil
-no conozco
ningún caso-,
es salir entero
de una historia de amor"
- Karmelo C. Iribarren; "Lo difícil"
jueves, 9 de mayo de 2013
lunes, 6 de mayo de 2013
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