miércoles, 15 de octubre de 2008

Four Rooms: El ático (Parte III)

C.R: ¡¡Dinero!! Ted, tengo aquí un billete de cien dólares con tu nombre en él. Tanto si haces lo que te pedimos como si no, lo obtendrás si te sientas durante un minuto más.

T: ¡No pienso cortarle el dedo meñique a Norman!

C.R: Bueno, quizá lo hagas o quizá no. Pero no tiene nada que ver con los cien pavos que tengo en la mano. De hecho puedes mandarnos al carajo y salir por la maldita puerta, pero si esperas sesenta segundos antes de hacerlo vas a ser cien dólares más rico.
 
L: Ted, vas a hacer lo que quieras. Lo único que te pedimos es que esperes sólo un minuto. Chester va a pagarte por ese minuto.
 
A: Ted, coge el dinero.
 
T: Veamos, a ver si me aclaro. ¿Yo me siento, lo escucho durante sesenta segundos y me gano cien dólares?
 
C.R: Correcto
 
T: Y después puedo salir por esa puerta sin resentimientos?
 
C.R: Sin ninguno en absoluto
 
T: Trato hecho
 
C.R: ¡Si, así se habla! ¡Si, si, si!
 
L: Bien hecho Ted
 
C.R: ¡Muy bien! Leo, cronometra el tiempo.
 
L: De acuerdo. Norman, dame tu reloj.
 
C.R: Avísame cuando termine el minuto y cuando empiece.
 
L: Entendido. Enciendan motores. Despega.
 
C.R: Atención Ted: voy a hacer dos montones aquí en la barra. Uno de ellos es el tuyo y el otro podría ser tuyo. Lo que quiero que sepas es que vamos a hacerlo de un modo u otro. Tanto si eres tú quien empuña el trinchante o... una criada mexicana, o un mendigo que encontremos en la calle.
 
N: Puedes comprar muuucha sopa con eso.
 
C.R: Yo soy quien habla ¿vale? Veamos... he perdido la cuenta, ¿cuánto hay?
 
Todos: Seiscientos
 
C.R: Bien. Ted, ¿sabes cuanto se tarda en contar seiscientos?
 
A: Es una pregunta retórica Ted
 
T: No señor
 
C.R: Un minuto menos de lo que se tarda en contar setecientos. Verás Ted, la vida de una persona está llena de experiencias algunas de las cuales son insignificantes, sin importancia y sueles olvidarlas. Sin embargo otras las recuerdas durante el resto de tu vida. Bien, dado que lo que te proponemos aquí es tan poco habitual, tan fuera de lo corriente esta es una buena apuesta y será una de esas incidencias que se graban. Así que ya que vas a recordar esto durante el resto de tu vida, tienes que decidir que recuerdo va a ser. Bueno Ted, ¿vas a recordar durante los próximos cuarenta años, año más año menos, que rechazaste mil dólares por un trabajito de un segundo? ¿O que ganaste mil dólares por un trabajito de un segundo?
 
L: ¡Tiempo!
 
C.R: Bien Ted... ¿qué vas a hacer?
 
T: ¡De acuerdo!
 
C.R: ¡Bien! ¡Bien! ¡Siempre estoy convenciendo!
 
L: ¡Siempre convenciendo!
 
T: ¡Aquí mismo! ¡Ahora mismo! ¡Antes de que cambie de opinión!
 
N: ¡Vamos, vamos! ¡Acabemos de una vez con esta historia!
 
C.R: Perfecto, perfecto, perfecto. Este es uno de esos momentos en el tiempo que ninguno de nosotros olvidará jamás. Norman, ¿estás listo?
 
N: Lo estoy
 
C.R: Ted, ¿estás listo?
 
T: Listo

C.R: Bien... preparados... Norman... empieza.

¡ZÁS!





BRUTAL

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