sábado, 22 de noviembre de 2008

Las cenizas de Ángela

Desde que tengo uso de razón me recuerdo con la cabeza metida en un libro. Éste lo leí por primera vez a los trece años, pero ya he perdido la cuenta total. Habrá quien crea que a esa edad se es quizá demasiado pequeño para leer una historia como ésta, y más sabiendo que es real. Yo, por mi parte, creo que crecí con él. Recuerdo terminarlo y pasarme alrededor de una semana sin hablar apenas, la historia me rondaba a cada minuto por la cabeza. Recuerdo haber llorado, y también haber reído, todavía con las lágrimas en los ojos y el nudo en la garganta. Con cada lectura he aprendido algo nuevo, algo que se me escapó, no sé si por la edad o la madurez, algo que no sentí en ese primer momento. Una persona me dijo no hace mucho que nunca hablaba de su libro preferido porque cuando recomiendas algo que ha significado tanto para tí es como si se llevasen un trocito tuyo. Puede ser. Pero yo no puedo dejar de hacerlo, es sentir que todo el mundo tiene que saber que pasó ésto, tienen que saberlo. Significa demasiado.

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“Mi padres y mi madre debieron haberse quedado en Nueva York, donde se conocieron, donde se casaron y donde nací yo. En vez de eso, volvieron a Irlanda cuando yo tenía cuatro años, mi hermano Malachy tres, los gemelos, Oliver y Eugene, apenas uno, y mi hermana Margaret estaba muerta y enterrada.
 
Cuando recuerdo como fue mi infancia me pregunto cómo pude sobrevivir siquiera. Fue, naturalmente, una infancia desgraciada, se entiende: las infancias felices no merecen que les prestemos atención. La infancia desgraciada irlandesa es peor que la infancia desgraciada corriente, y la infancia desgraciada irlandesa católica es peor todavía.”

[...]

“Papá ha salido otra vez a buscar trabajo y a veces vuelve a casa oliendo a whisky, cantando todas las canciones que hablan de la sufrida Irlanda. Mamá se enfada y dice que se pasa a Irlanda por el culo. Él dice que esa no es manera de hablar delante de los niños y ella dice que se deje de maneras de hablar, que lo que le hace falta es comida en la mesa y no la sufrida Irlanda. Dice que el día que suprimieron la Ley Seca fue aciago porque papá consigue beber pasándose por las tabernas y prestándose a barrer los bares y a mover los barriles a cambio de un whisky o de una cerveza. A veces trae a casa restos de la comida que le dan gratis, pan de centeno, carne en conserva, pepinillos en vinagre. Deja la comida en la mesa y bebe té. Dice que la comida es un choque contra el sistema y que no sabe cómo podemos tener siempre tanto apetito.

- Tienen tanto apetito porque se están muriendo de hambre casi siempre –dice mamá.”

[...]

“En la Escuela Nacional Leamy hay siete maestros, y todos tienen correas de cuero, varas, bastones de endrino. Te pegan con los bastones en los hombros, en la espalda, en las piernas y, sobre todo, en las manos. Te pegan si llegas tarde, si tu plumilla echa borrones, si te ríes, si hablas y si no sabes las cosas. Te pegan si no sabes por qué hizo Dios el mundo, si no sabes quién es el santo patrono de Limerick, si no te sabes el Credo, si no sabes cuántas son diecinueve y cuarenta y siete, si no sabes cuántas son cuarenta y siete menos diecinueve, si no te sabes las ciudades y los productos principales de los treinta y dos estados de Irlanda, si no encuentras Bulgaria en el mapamundi de la pared, que está manchado de escupitajos, mocos y borrones de tinta arrojados por alumnos iracundos que fueron expulsados para siempre.

Te pegan si no sabes decir tu nombre en irlandés, si no sabes rezar el Avemaría en irlandés, si no sabes pedir permiso para ir al baño en irlandés. […]. Uno de los maestros te pega si no sabes que Eamon de Valera es el hombre más grande que ha existido jamás. Otro maestro te pega si no sabes que Michael Collins es el hombre más grande que existió jamás.

El señor Benson odia a América, y tienes que acordarte de odiar América, o te pegará.

El señor O’Dea odia a Inglaterra, y tienes que acordarte de odiar Inglaterra, o te pegará.

Aunque te den seis palmetazos en cada mano con la palmeta de fresno o con el bastón de endrino de nudos, no debes llorar. Serías un mariquita. Algunos niños se pueden meter contigo y burlarse de ti en la calle, pero ellos también deben andarse con cuidado, porque llegará el día en que el maestro les pegue, y entonces serán ellos los que tendrían que aguantarse las lágrimas o quedarán deshonrados para siempre. Algunos niños dicen que es mejor llorar, porque eso agrada a los maestros. Si no lloras, los maestros te odian porque los has hecho parecer débiles ante la clase, y se prometen a sí mismos que la próxima vez que te peguen te harán derramar lágrimas, o sangre, o ambas cosas.

Si el maestro te pega, no sirve de nada que te quejes a tu padre o a tu madre. Dicen:

- Te lo mereces. No seas crío.”

[...]

“Al día siguiente nos confirman a todos. El obispo me hace una pregunta del catecismo: ‘¿Cuál es el cuarto mandamiento?’, y yo le respondo ‘Honrarás a tu padre y a tu madre’. Me da una palmadita en la mejilla y con eso me convierte en soldado de la Iglesia Verdadera. […] Me empieza a sangrar la nariz y me encuentro mareado. […] Mamá dice que es sábado, que el dispensario está cerrado y que dónde va a encontrar un médico. Papá vuele a casa y dice a mamá que estoy pasando por una etapa, los dolores del crecimiento. […] El domingo por la mañana tengo sangre en el pecho y a mi alrededor. […]Nuestro médico es el doctor Troy, pero está de vacaciones, y el que viene a verme el lunes le huele el aliento a whisky. Me reconoce y dice a mi madre que tengo un catarro fuerte y que guarde cama. Pasan los días y duermo y sangro. Viene la señora Hannon y dice que ese médico no sabe lo que se dice y que vayamos a ver si ha regresado el doctor Troy. Mamá vuelve con él, que me toca la frente, me levanta los párpados, me da la vuelta para verme la espalda, me coge en brazos y echa a correr hacia su automóvil. Mamá corre tras él y él le dice que tengo fiebre tifoideas. Ella se sube al coche, me sujeta en su regazo y pasa gimiendo todo el camino hasta el Hospital de Infecciosos del Asilo Municipal. [...] Seamus, el hombre que friega los suelos todos los días, me trae un libro.

- Aquí tienes el libro, Frankie –me dice-. Qué lástima que tengas que leer cosas de Inglaterra después de todo lo que nos hicieron, que no haya una sola historia de Irlanda en este hospital. [...] En el libro viene el primer pasaje de Shakespeare que leí en mi vida:
"Creo en verdad
inducida por poderosas circunstancias,
que sois mi enemigo”
El historiador dice que eso se lo dice Catalina, que es una de las esposas de Enrique VIII, al cardenal Wolsey que quiere que le corten la cabeza. No sé qué significa, y me da igual, porque es de Shakespeare y cuando repito las palabras es como tener joyas en la boca. Si tuviera todo un libro de Shakespeare, no me importaría que me hicieran estar en el hospital un año entero”.

[...]

"El señor O’Halloran imparte clases a tres cursos en una misma aula, al sexto curso, al séptimo y al octavo. […] Nos dice qué es lo importante y por qué lo es. Ningún maestro nos había explicado antes los porqués. Si preguntabas por qué, te pegaban en la cabeza. [...] Todos nos quedamos impresionados cuando dice que la batalla de Kinsale, en 1601, fue el momento más triste de la historia irlandesa, una batalla muy reñida en la que ambos bandos cometieron actos de crueldad y atrocidades. […] El señor O’Halloran no puede mentir. Es el director. Durante todos estos años nos han estado diciendo que los irlandeses eran siempre nobles y que pronunciaban discursos valerosos cundo los ingleses iban a ahorcarlos. Ahora, O’Halloran está diciendo que los irlandeses hicieron cosas malas. Ya sólo falta que diga que los ingleses hicieron cosas buenas. Dice:
 
"Tenéis que estudiar y que aprender para poder llegar a vuestras propias conclusiones sobre la historia y sobre todo lo demás, pero no podéis llegar a conclusiones si tenéis la mente vacía. Amueblaos la mente, amueblaos la mente. Es vuestro tesoro, y nadie en el mundo puede entrometerse en ella. Si os tocase la lotería y os compraseis una casa que necesitase muebles, ¿la llenaríais de trastos viejos de la basura? Vuestra mente es vuestra casa, y si la llenáis de basura de los cines se os pudrirá en la cabeza. Podéis ser pobres, podéis tener rotos los zapatos, pero vuestra mente es un palacio."

domingo, 9 de noviembre de 2008

Reina Mab

Acto I. Escena IV.

MERCUTIO.- Sin duda te ha visitado la reina Mab, nodriza de las hadas. Es tan pequeña como el ágata que brilla en el anillo de un regidor. Su carroza va arrastrada por caballos leves como átomos, y sus radios son patas de tarántula, las correas son de gusano de seda, los frenos de rayos de luna: huesos de grillo e hilo de araña forman el látigo; y un mosquito de oscura librea, dos veces más pequeño que el insecto que la aguja sutil extrae del dedo de ociosa dama, guía el espléndido equipaje. Una cáscara de avellana forma el coche elaborado por la ardilla, eterna carpintera de hadas. En ese carro discurre de noche y de día por cabezas enamoradas, y les hace concebir vanos deseos, y anda por las cabezas de los cortesanos, y les inspira vanas cortesías. Corre por los dedos de los abogados, y sueñan con procesos. Recorre los labios de las damas, y sueñan con besos. Anda por las narices de los pretendientes, y sueñan que han alcanzado un empleo. Azota con la punta de un rabo de puerco las orejas del cura, produciendo en ellas sabroso cosquilleo, indicio cierto de beneficio o canonjía cercana. Se adhiere al cuello del soldado y le hace soñar que vence y triunfa de sus enemigos y los degüella con su truculento acero toledano, hasta que oyendo los sones del cercano tambor, se despierta sobresaltado, reza un padre nuestro, y vuelve a dormirse. La reina Mab es quien enreda de noche las crines de los caballos, y enmaraña el pelo de los duendes e infecta el lecho de la cándida virgen, y despierta en ella por primera vez impuros pensamientos.

ROMEO.- Basta, Mercutio. No prosigas en esa charla impertinente.

MERCUTIO.- De sueños voy hablando, fantasmas de la imaginación dormida, que en su vuelo excede la ligereza de los aires, y es más mudable que el viento.


- William Shakespeare / "Romeo y Julieta"

martes, 4 de noviembre de 2008

Inspiración

Es un hecho establecido en los polidimensionales mundos del multiuniverso que la mayor parte de los grandes descubrimientos se deben a un breve momento de inspiración. Siempre hay bastantes trabajos previos, claro, pero lo que dispara el asunto suele ser algo tan sencillo como una manzana que se cae del árbol, o una tetera con el agua hirviendo, o el agua que se desborda de la bañera. Algo encaja en la cabeza del observador. [...] Se suele considerar que esto es algo maravilloso. Pues no. Es trágico. En el universo están entrando constantemente pequeñas partículas de inspiración que atraviesan la materia, más densa, de la misma manera que un neutrino atraviesa el algodón dulce, y la mayor parte de ellas se pierde. Peor aún, la mayoría de las que aciertan alcanzan un objetivo cerebral total, definitiva y drásticamente erróneo.

***


"El talento sólo define lo que haces.
No define lo que eres en lo más profundo de tu ser.
Cuando sabes lo que eres, puedes cambiar cualquier cosa"


- Terry Pratchett / "Rechicero"

martes, 21 de octubre de 2008

point; (fragmento)

Je ne me suis pas arrêté sous cet arbre
je n'ai rien de quoi me souvenir_____si je fuis
l'ombre qu'il jette cela ne signifie
pas que c'est de lui que j'ai peur
le soleil n'a qu'un rôle secondaire dans
notre histoire_____il y a chez toi ce geste
juste avant que je me retourne_____l'ai-je entrevu
ou est-ce la mémoire qui me joue un tour
de toute manière je me retournerai toujours
et le désir de fuir l'ombre plante des arbres
sur notre chemin_____c'est ça notre histoire
et le soleil n'y est qu'un second couteau



***

(no me he parado bajo este árbol
no me queda recuerdo alguno____si huyo
de la sombra que proyecta no significa
que le tenga yo miedo a él
el sol tiene un papel secundario
en nuestra historia_____ese gesto tuyo
en el preciso instante en que me doy la vuelta_____lo he
vislumbrado o es la memoria la que me engaña
de todos modos me daré siempre la vuelta
y el deseo de huir de la sombra planta árboles
en nuestro camino_____ésa es nuestra historia
y el sol es aquí un personajillo secundario)

Jean Portante

miércoles, 15 de octubre de 2008

Four Rooms: El ático (Parte III)

C.R: ¡¡Dinero!! Ted, tengo aquí un billete de cien dólares con tu nombre en él. Tanto si haces lo que te pedimos como si no, lo obtendrás si te sientas durante un minuto más.

T: ¡No pienso cortarle el dedo meñique a Norman!

C.R: Bueno, quizá lo hagas o quizá no. Pero no tiene nada que ver con los cien pavos que tengo en la mano. De hecho puedes mandarnos al carajo y salir por la maldita puerta, pero si esperas sesenta segundos antes de hacerlo vas a ser cien dólares más rico.
 
L: Ted, vas a hacer lo que quieras. Lo único que te pedimos es que esperes sólo un minuto. Chester va a pagarte por ese minuto.
 
A: Ted, coge el dinero.
 
T: Veamos, a ver si me aclaro. ¿Yo me siento, lo escucho durante sesenta segundos y me gano cien dólares?
 
C.R: Correcto
 
T: Y después puedo salir por esa puerta sin resentimientos?
 
C.R: Sin ninguno en absoluto
 
T: Trato hecho
 
C.R: ¡Si, así se habla! ¡Si, si, si!
 
L: Bien hecho Ted
 
C.R: ¡Muy bien! Leo, cronometra el tiempo.
 
L: De acuerdo. Norman, dame tu reloj.
 
C.R: Avísame cuando termine el minuto y cuando empiece.
 
L: Entendido. Enciendan motores. Despega.
 
C.R: Atención Ted: voy a hacer dos montones aquí en la barra. Uno de ellos es el tuyo y el otro podría ser tuyo. Lo que quiero que sepas es que vamos a hacerlo de un modo u otro. Tanto si eres tú quien empuña el trinchante o... una criada mexicana, o un mendigo que encontremos en la calle.
 
N: Puedes comprar muuucha sopa con eso.
 
C.R: Yo soy quien habla ¿vale? Veamos... he perdido la cuenta, ¿cuánto hay?
 
Todos: Seiscientos
 
C.R: Bien. Ted, ¿sabes cuanto se tarda en contar seiscientos?
 
A: Es una pregunta retórica Ted
 
T: No señor
 
C.R: Un minuto menos de lo que se tarda en contar setecientos. Verás Ted, la vida de una persona está llena de experiencias algunas de las cuales son insignificantes, sin importancia y sueles olvidarlas. Sin embargo otras las recuerdas durante el resto de tu vida. Bien, dado que lo que te proponemos aquí es tan poco habitual, tan fuera de lo corriente esta es una buena apuesta y será una de esas incidencias que se graban. Así que ya que vas a recordar esto durante el resto de tu vida, tienes que decidir que recuerdo va a ser. Bueno Ted, ¿vas a recordar durante los próximos cuarenta años, año más año menos, que rechazaste mil dólares por un trabajito de un segundo? ¿O que ganaste mil dólares por un trabajito de un segundo?
 
L: ¡Tiempo!
 
C.R: Bien Ted... ¿qué vas a hacer?
 
T: ¡De acuerdo!
 
C.R: ¡Bien! ¡Bien! ¡Siempre estoy convenciendo!
 
L: ¡Siempre convenciendo!
 
T: ¡Aquí mismo! ¡Ahora mismo! ¡Antes de que cambie de opinión!
 
N: ¡Vamos, vamos! ¡Acabemos de una vez con esta historia!
 
C.R: Perfecto, perfecto, perfecto. Este es uno de esos momentos en el tiempo que ninguno de nosotros olvidará jamás. Norman, ¿estás listo?
 
N: Lo estoy
 
C.R: Ted, ¿estás listo?
 
T: Listo

C.R: Bien... preparados... Norman... empieza.

¡ZÁS!





BRUTAL

domingo, 28 de septiembre de 2008

Four Rooms: El ático (Parte II)


N: Bien tío, empieza.
 
T: Un bloque de madera.
 
C.R: Continua
 
T: Tres clavos
 
N: ¿Porqué tres?
 
C.R: Es como lo pidió Peter Lorre. Vamos, sigue.
 
T: Un ovillo de bramante
 
C.R: Vaya, está claro que es un ovillo de bramante. ¡Sigue!
 
T: Una cubitera... con hielo.
 
C.R: ¿Estás de acuerdo?
 
N: Lo estoy
 
C.R: ¡Muy bien! ¡Sigue!
 
T: Un donut
 
C.R: Es para mi
 
T: Un delicioso sandwich de pollo
 
A: Eso es para mí
 
T: Y... ¡un trinchante!
 
C.R: Un trinchante tan afilado como el mismísimo diablo, eso fue lo que pedí.
 
T: Bueno señor... Chester, júzguelo usted mismo.
 
N: No, nononono. Yo lo juzgaré.
 
T: Cuidado, señor.
 
C.R: ¿Qué opinas?
 
N: Está afilado el cabrón. Coge los clavos y el bramante, y lleva toda esa mierda a la barra. ¡Date prisa tío!
 
C.R: Ya le has oído Ted, adelante.
 
L: (Teléfono) Estoy de acuerdo, es mi trabajo y tú lo sabes muy bien. El quería salir hasta tarde y no pude negarme, quería salir al Monkey Bar. ¡No me grites! Yo no te grito. ¡Yo no! ¡Yo no te grito, eres tú la que berrea, joder! No me cuelgues. Ellen, no me cuelgues. Por favor, no me cuelgues. ¡Maldita sea, te juro por dios que si me cuelgas, zorra chupa pollas de Nueva York...! Más te vale que la otra llamada sea de verdad porque voy a pedir el divorcio!
 
N: ¡Leo! ¡Leo!
 
L: ¡Joder! ¡Vaya mierda tío! Pero bueno ¿qué coño le pasa? ¿qué coño le pasa a esa puta zorra? Voy a coger un puto coche, iré a su puta calle de Mulholland y la arrastraré por el puto culo hasta tirarla por el puto Cañón Bénedcit, tío!
 
N: ¿Y aún sigues casado?
 
L: ¡Si! Ahora ya no lo sé, joder. Te lo juro Norman, te lo juro por lo que más quieras pero... ¿qué le pasa? trato a esa zorra mejor que a una reina, tú lo sabes.
 
N: Sí lo se
 
L. He bebido demasiado, pero estamos en Nochevieja. ¡Nochevieja! Y no puedo ir a casa, Ellen, lo siento joder! Lo siento mucho! ¿Qué quieres? ¿Que suba a mi maravilloso coche y atropelle a siete críos? Eso estaría de puta madre. ¿Pero qué coño le pasa a esa tía? ¡Joder! (...) ¿Qué coño es esto?
 
T: Una madera, una cubitera y un trinchante
 
L: No me jodas! Chester qué pasa?
 
C.R: Seguimos ofreciéndole el hombre de rio, que ya se estaba emitiendo.
 
L: Vaya se me ha puesto dura la polla! Norman, vas a hacer esa mierda?
 
N: ¡Claro que lo haré!
 
L: Chico, eres mi héroe preferido
 
A: Espero que esté bien, han hablado de ese tema toda la noche.
 
N: No lo dudes, es estupendo.
 
T: Bien pues... en fin... si eso es todo... me marcho otra vez abajo, señor.
 
C.R: No tan deprisa. Vamos a volver a la barra, nos quedaremos allí y presenciaremos el espectáculo bien sentaditos. Leo, siéntate en el taburete rojo, vamos, siéntate tú también. Mientras tanto explicaré los festejos que vamos a ver esta noche. Muy bien.
 
T: Señor, ¿puedo decirle algo al oído?
 
C.R: Claro, claro, claro.
 
N: Ecoutez-moi.
 
L: ...trato a esa zorra mejor que a una reina...
 
N: Eso no sirve tío, tratarla como a una reina. Se ha llevado tu dinero y acabará quedándose a tus hijos.
 
T: ¡Mientras no destrocen los muebles hagan lo que quieran, destrócenlo todo!
 
C.R: Bueno, bueno... espera, déjame explicarte de que estamos hablando
 
T: No, señor, no tiene porqué explicarme nada. Todo lo que signifique pasarlo bien, por lo que a ustedes respecta, bueno, es asunto suyo.
 
C.R: Te equivocas, también es asunto tuyo Ted, porque queremos que participes.
 
T: ¿Participar en qué?
 
L: Esa forma de soltarle las noticias despacio lo está acojonando.
 
C.R: ¿Tú crees? Bien amigos, vamos allá ¿vale? Empecemos: en primer lugar, Ted, has de saber que no hay nada homosexual en lo que queremos que hagas. Lo digo por si creías que queríamos que hicieras alguna cosa sexual rara como chupárnosla, mearte encima de nosotros y guarradas así, ¡pero no! Nada más lejos de la verdad.
 
A: ¿Puedo intervenir un segundo?
 
C.R: No, no... verás, mi forma de contárselo puede que de la vuelta al mundo pero es el viaje lo que vale la pena, ¿de acuerdo?
 
A: Si, pero el chico ya lleva aquí un cuarto de hora y tú, en fin, has hablado de todo menos...
 
C.R: ¿Y qué más te da?
 
N: ¿Porqué no cierras el pico, zorra?
 
A: ¿Zorra?
 
N: ¡Zorra!
 
A: mmm, disculpa, ¿no te paga por chuparle la polla, chico del corcho?
 
N: Guau!
 
C.R: Ohh, ¡chico del corcho tío! Bonito apodo, ya veo una nueva tarjeta de visita.
 
L: Con la venia del tribunal, permitidme presentarle nuestras intenciones a Theodore.
 
N: ¡Apoyo la moción!
 
C.R: ¡Muy bien! Yo propongo que la moción concluya! El tribunal es tuyo, Leo.
 
 L: Gracias Chester. Ted, ¿has visto alguno de los episodios de Alfred Hitchcock?
 
T: Si, señor.
 
L: ¿Has visto el que se titulaba "El hombre del rio" con Peter Lorre y Steve McQueen? ... ¡Si lo hubieras visto lo recordarías , "El hombre de río". Pero vayamos al grano: Peter Lorre se apuesta con Steve McQueen a que Steve McQueen no puede encender su mechero diez veces seguidas. Bien, si consigue encender su mechero diez veces seguidas ganará el coche nuevo de Peter Lorre, pero, si no encendiera su mechero diez veces seguidas, Peter Lorre tendría que cortarle el dedo meñique a Steve McQueen. Norman y Chester acaban de hacer la misma apuesta. Norman ha apostado su meñique a que puede encender su mechero diez veces seguidas. Si lo hace ganará el Chevy Chevelle de 1964 de Chester, un precioso coche rojo. Y si no, perderá el meñique. ¿Qué te parece?
 
T: Están borrachos
 
L: Por supuesto, ¡claro que estamos borrachos! por eso estamos aquí. Pero no significa que no sepamos de qué coño hablamos.
 
N: Voy a decirte de qué coño hablamos. ¡Voy a decirte de qué coño hablamos! Verás, yo conduzco un puto Honda que me vendió mi hermana, ¿oyes lo que te digo? un pequeño coche blanco de la casa Honda, un civic. ¿Ves esta mierda? La nueva estrella más popular de Hollywood junto al coche más popular de América.
 
C.R: Es mi coche
 
N: ¿Estás escuchando? ¡Dime! ¡Joder! ¿¡me estás escuchando o no!? Pues echa un buen vistazo a esa máquina de ahí con la que está de pie este hijoputa de aquí. Este es un modelo del 64 color burdeos! Un precioso Chevy Chevelle. Y yo adoro ese coche más que mis caderas, los labios o las puntas de los dedos. Estábamos aquí, celebrándolo, poniéndonos ciegos, bebiendo champagne.
 
C.R: Bebiendo Cristal. Verás cuando bebes champagne, bebes champagne y cuando bebes Cristal debes decir que bebes Cristal.
 
N: Sean lo que sean esos meados de burra los estábamos bebiendo, y estábamos viendo la tele cuando ¡eh, eh, eh! de repente pillamos a Steve McQueen y a Peter Lorre en plan de tíos duros
 
C.R: ¡Tíos duros!
 
N: ¡Tíos duros! Entonces yo miro a ese cabrón con pinta rara y le digo: "yo haría eso con el Chevelle"
 
L: Y ahora es cuando Chester dice...
 
C.R: Uhhh, ¿en serio?
 
T: En mi opinión no harían algo tan estúpido a menos que estuvieran como cubas.
 
L: Sabes que estamos borrachos
 
N: Eso no hace falta decirlo, porque si no lo estuviéramos nos acojonaríamos. Cuando estás ciego no mientes, dices la puta verdad. ¿Y quieres saber cuál es la puta verdad? La puta verdad es que mi afortunado Zippo me va a hacer ganar el fabuloso coche de Chester.
 
C.R: Lo que nos lleva a tu papel en esta pequeña apuesta.
 
T: Yo no tengo ningún papel, señor.
 
C.R: Como mi anciano abuelo solía decir: cuanto menos hable un hombre de sus cosas menos probable es que parezca idiota cuando se las recuerden.
 
T: Eso es inteligente
 
C.R: Gracias, gracias, gracias. Hay algunos obstáculos que salvar en esta empresa, aparte de los evidentes. El primero es el hecho de que yo no soy Peter Lorre en esa película de televisión, no soy un chiflado que viaja por el país coleccionando dedos. Aquí todos somos colegas, nadie quiere que Norman pierda el dedo... sólo queremos trinchárselo. Si el destino no sonríe a Norman le pondremos el dedo el hielo y lo lleváramos al hospital donde con toda probabilidad volverán a cosérselo.
 
T: Esperemos que sea así


L: Si a aquel tío le cosieron la polla podrán coserle el meñique a Norman, ¿no?
 
C.R: Si, no será difícil.
 
T: Si, es posible.
 
C.R: Verás, Norman se ha ocupado de todo lo que hay que hacer, el hombre ha cuidado sus intereses. Mis intereses, por otra parte, no se han cuidado. Yo estoy unido emocionalmente a mi coche como Norman lo está físicamente a su dedo. Es una máquina realmente cara la que pongo en este apuesta, y en fin, si pierdo, pierdo, no tengo ningún problema con eso, ya soy mayorcito, sé exactamente que coño hago. Pero si gano, quiero ganar ¿de acuerdo?. Si Norman enciende su bonito mechero diez putas veces seguidas no va a tener ningún problema emocional para coger las llaves de mi coche. Pero si gano yo... bueno, no es imposible que en el último minuto ni Leo ni yo seamos capaces de empuñar el hacha.
 
T: El trinchante, señor
 
C.R: El trinchante. Lo que nos lleva de nuevo a ti, Ted. El clarividente Ted. El sobrio Ted.
 
L: El desconocido Ted.
 
N: El imparcial Ted.
 
C.R: Nos acabas de conocer y te importamos un carajo, ¿verdad? Precisamente por eso queremos que tú seas el verdugo.
 
A: Vaya nochecita ¿eh Ted?
 
T: ¡Tengo que irme!



viernes, 26 de septiembre de 2008

Four Rooms: El ático

T: Lamento el retraso pero creo que… bueno, traigo todo lo que necesitan.
 
C.R: No hay problema amigo botones, olvida el retraso. ¡No hay ningún problema! No hay problema. [...] Bien, Ted, el botones, ¿te apetece una copa? Bueno en realidad no era eso lo que estaba diciendo pero en fin, ¿te apetece una buena copa?
 
T: Estoy de servicio, señor.
 
C.R: Al carajo el servicio, tío. Esto es Cristal, te aseguro que es de lo mejorcito que hacen. Yo odiaba el champagne hasta que probé el Cristal, y ahora me encanta. Vamos.
 
T: ¿Debo, señor?
 
C.R: ¡Si! Como iba diciendo... chin, chin! Para lo que queremos la puntualidad importa menos que el esmero. ¡Bebe, chico! ¿Qué dices?
 
T: Oh... gracias.
 
C.R: Nada de gracias, ¿qué me dices de este delicioso brebaje?
 
T: Oh, es estupendo, señor.
 
C.R: Es bueno, Ted. Jodidamente bueno. Probémoslo otra vez, ¿de acuerdo? Dime Ted, ¿qué te parece este sabroso brebaje?
 
T: Es... jodídamente bueno, señor.
 
C.R: ¡Es cojonudo Cristal! Todo lo demás son meados.
 
N: ¡Botones! ¡Botones! ¡Botones!
 
C.R: Cállate, shhhh. Estás incomodando a mi amigo Ted. Tranqui, tranqui tío. Olvida al... capullo de Norman. Eso es de Quadrophenia, está jugando contigo. Verás, yo mismo al pensar en los botones pienso en "El Botones" con Jerry Lewis. ¿Has visto "El Botones", Ted?
 
T: mmm, no, creo que no, señor.
 
C.R: Pues deberías, es una de sus mejores películas. No dice una palabra durante toda la peli, es una actuación completamente silenciosa. Dime, ¿cuántos actores pueden conseguir eso? Y otra cosa, ese tío ha de acudir a los amigos para conseguir respeto, eso es muy propio de América, ¿sabes? Esa pequeña frase es lo más propio de América, ¡si señor!. El día que Jerry Lewis muera todos los periódicos de este puto país escribirán artículos llamándole "genio", y eso no está bien, no está bien y no es justo joder. Pero, ¿por qué va a sorprenderle a nadie? ¿Cuándo coño América -dime- ha sido justa? Puede que hagamos bien de vez en cuando pero somos muy poco justos.
 
T: Ehm.... ¿dónde pongo esto?
 
C.R: ¿Acaso tienes prisa Ted?
 
T: Bueno... mmm... no, no realmente.
 
C.R: ¡Estupendo! Entonces deja de jugar a la contrarreloj, eh? Te presentaré a msi amigos. ¿Ves a esa chica de ahí? Pues es nuestra amiga de abajo, la conocimos en la piscina. Creo que os conocéis.
 
A: Si, somos viejos amigos, verdad Theodore?
 
T: En realidad me llamo Ted, Ángela. Sólo me llaman Theodore las personas con pistolas apuntándome a la cabeza.
 
C.R: El hombre sentado en ese sillón con el Jim Beam en la mano gritándote "botones" es Norman. Normal, saluda a Ted.
 
N: ¿Qué hay Ted?
 
T: ¿Qué hay señor?
 
C.R: Y el hijo de puta parlanchín de esa habitación de ahí es Leo. Y la persona al otro lado del teléfono es su encantadora esposa Ellen. ¡Leo!
 
L. ¿Qué?
 
C.R: Dile hola a Ted, el botones.
 
L: ¿Qué?
 
C.R: Dile hola a Ted, el botones.
 
L: Ah sí, ven aquí.
 
C.R: ¡¡¡Eh!!! ¡¡Leo, Leo, Leo, Leo!! Ese es Ted, el botones, ¿recuerdas? Le llamamos hace unos veinte o veinticinco minutos.
 
L: Ahh, Ted, el botones! Vaya, me alegro de que hayas podido venir amigo.
 
T: Me alegro de estar aquí.
 
C.R: Bien, y ya solo quedo yo. Chester Rosh, encantado de conocerte.
 
T: Yo también estoy encantado, señor.
 
C.R: Oh, Chester, nada de señor. Chester.
 
T: Chester.... Chester. Siento no haber visto aún la película, pero...
 
C.R: Tranquilo. En serio, no te preocupes, no lo sientas, de veras. ¿Sabes? Por eso Dios inventó el video. No hay problema.
 
T: Tiene usted razón, señor.
 
C.R: Pero ¿sabes? Mucha gente si la ha visto, un montón de hijoputas ha visto esa película, ¿verdad, verdad? Un montón de hijoputas ha visto "El detective chiflado". (...) ¿Quién ha bebido el último de esta botella? ¡Que quién ha bebido el último de esta botella!
 
N: ¿Qué coño pasa?
 
C.R. Ha perdido el puto gas tío, eso es lo que pasa. El maldito Cristal ha perdido el puto gas. No queda una maldita burbuja en la puta botella, tío. ¡Maldita sea! ¿Qué coño está pasando aquí? ¿Quién coño...? ¿Quién no ha puesto el corcho en la botella, a ver? Alguien, y no yo porque estaba bebiendo de esa otra botella, alguien no ha puesto el puto corcho en la botella. ¿Quién ha sido?
 
L: Chester ¿quieres que abra otra botella?
 
C.R: Contaré tres: un-dos-tres. ¿Quién no lo ha puesto?
 
L: ¿Quieres que abra otra botella?
 
C.R. No, no quiero que abras otra. Ya…ya tengo suficiente con la que tengo aquí. ¡Esto es una puta mierda, tío! Además ya has abierto suficientes botellas. ¿Sabes cuánto cuesta cada una? No, ni idea. ¡No, ni idea! ¡No, ni idea! ¡Porque os sale gratis, joder! Para todos, jodidos gilipollas, es gratis. Mierda, siempre doy, y doy y doy y doy y doy... ¿De qué estaba hablando?
 
T: Decía que “El Detective Chiflado” fue una película muy popular.
 
C.R: Si, lo fue, fue popular. Muy, muy popular. Antes del video. Lo fue antes de ir al extranjero. Fue popular mucho antes de la tele de pago, y antes de la tele pública, y antes de toda esa mierda. “El detective chiflado” logró ganar... ¡Leo! ¿Cuál fue la recaudación a nivel nacional?
 
T: Setenta y dos millones de dólares
 
C.R: Setenta y dos millones de dólares. Así que son muchos putos culos en las putas butacas. (A Norman) Oye no es culpa tuya, estás como una cuba, pero en fin, joder, me gustaría un poco de consideración. (A Ted) Mi nueva peli "El Perrero", que por cierto está superando las pruebas de maravilla, se prevé que llegará a alcanzar los cien millones. "El Perrero".
 
T: Por “El perrero”, Chester. (..) Oh, gracias señor.
 
C.R: Oh, esta bueno eh? Bien, echemos un vistazo a lo que nos has traído.
 
T: Pero... perdone mi atrevimiento Chester. Me preguntaba si podría decirme para qué son esas cosas que he traído.
 
C.R: Eh, cada cosa a su tiempo, ni soy una rana ni tú un conejo, así que no saltemos adelante.
 
T: Muy bien señor.
 
C.R. Norman, Norman, vamos. Quizás quieras ver algunas de estas cosas.
 
N: Claro maldito conejo. ¡Allá voy tío!


lunes, 15 de septiembre de 2008

Terapia de peluche

Calvin y Hobbes

Cabe la posibilidad de que este ritmo de vida acabe conmigo.

Presiento que la semana va a ser larga... tan larga que voy a desear que llegue el lunes y comience, una vez más, el bucle. Necesito mi terapia.



jueves, 11 de septiembre de 2008

Las primeras miradas

Cómo siempre, las palabras exactas.
Para mi. Para ti. 


"Nadie sabe en qué noche de octubre solitario,
de fatigados duendes que ya no ocurren,
puede inmolarse la perdida infancia
junto a recuerdos que se están haciendo.
 
Qué sorpresa sufrirse una vez desolado,
escuchar cómo tiembla el coraje en las sienes,
en el pecho, en los muslos impacientes
sentir cómo los labios se desprenden
de verbos maravillosos y descuidados,
de cifras defendidas en el aire muerto,
y cómo otras palabras, nuevas, endurecidas
y desde ya cansadas se conjuran
para impedirnos el único fantasma de veras.

Cómo encontrar un sitio con los primeros ojos,
un sitio donde asir la larga soledad
con los primeros ojos, sin gastar
las primeras miradas,
y si quedan maltrechas de significados,
de cáscara de ideales, de purezas inmundas,
cómo encontrar un río con los primeros pasos,
un río -para lavarlos- que las lleve."

- Mario Benedetti
"Las primeras miradas"

viernes, 5 de septiembre de 2008

Capítulo 10

"Sáltate el resto de ese día y esa noche. Ninguna acción. No vale la pena hablar de ello"

                                                                                       - Charles Bukowski; "Pulp"

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Aplastamiento de las gotas

Yo no sé, mira, es terrible cómo llueve. Llueve todo el tiempo, afuera tupido y gris, aquí contra el balcón con goterones cuajados y duros, que hacen plaf y se aplastan como bofetadas uno detrás de otro, qué hastío. Ahora aparece una gotita en lo alto del marco de la ventana; se queda temblequeando contra el cielo que la triza en mil brillos apagados, va creciendo y se tambalea, ya va a caer y no se cae, todavía no se cae. Está prendida con todas las uñas, no quiere caerse y se la ve que se agarra con los dientes, mientras le crece la barriga; ya es una gotaza que cuelga majestuosa, y de pronto zup, ahí va, plaf, deshecha, nada, una viscosidad en el mármol.

Pero las hay que se suicidan y se entregan enseguida, brotan en el marco y ahí mismo se tiran; me parece ver la vibración del salto, sus piernitas desprendiéndose y el grito que las emborracha en esa nada del caer y aniquilarse. Tristes gotas, redondas inocentes gotas. Adiós gotas. Adiós.


- Julio Cortázar / "Historias de Cronopios y de Famas"

(Que angustia de existencia, de elegir, de ser fuerte o dejarte llevar por la corriente)

lunes, 1 de septiembre de 2008

"A veces"

Escribir un poema se parece a un orgasmo:
mancha la tinta tanto como el semen,
empreña también más en ocasiones.

Tardes hay, sin embargo,
en las que manoseo las palabras,
muerdo sus senos y sus piernas ágiles,
les levanto las faldas con mis dedos,
las miro desde abajo,
les hago lo de siempre
y, pese a todo, ved:
¡no pasa nada!

Lo expresaba muy bien Cesar Vallejo:
"Lo digo y no me corro".
Pero él disimulaba.


- Ángel González

Muere lentamente...

Muere lentamente quien no viaja, quien no lee, quien no oye música, quien no encuentra gracia en si mismo.

Muere lentamente quien destruye su amor propio, quien no se deja ayudar.

Muere lentamente quien se transforma en esclavo del hábito, repitiendo todos los días los mismos trayectos, quién no cambia de marca, no arriesga en vestir un color nuevo y no le habla a quien no conoce.

Muere lentamente quien hace de la televisión su gurú.

Muere lentamente quien evita una pasión, quien prefiere el negro sobre el blanco y los puntos sobre las "ies" a un remolino de emociones, justamente las que rescatan el brillo de los ojos, sonrisas de los bostezos, corazones a los tropiezos y sentimientos.

Muere lentamente quien no da un golpe en la mesa de rabia cuando es infeliz en el trabajo, quien no arriesga lo cierto por lo incierto de ir detrás de un sueño, quien no se permite por lo menos una vez en la vida huir de los consejos sensatos.

Muere lentamente quien pasa los días quejándose de su mala suerte o de la lluvia incesante.

Muere lentamente quien abandona un proyecto antes de iniciarlo, no pregunta de un asunto que desconoce o no responde cuando le indagan sobre algo que sabe.

- Pablo Neruda

domingo, 31 de agosto de 2008

Octarino

Muchas veces se ha dicho que, aquellos que son sensibles a la radiación del octarino -el octavo color, el Pigmento de la Imaginación- pueden ver cosas que resultan invisibles para los demás.

Así fue como Rincewind, que corría por los populosos bazares de Morpork, iluminados por bengalas al anochecer, tropezó con una figura alta y sombría, se volvió para dedicarle unas cuantas maldiciones, y se encontró frente a frente con la Muerte.

Tenía que ser la Muerte. Nadie más iría por ahí con las cuencas de los ojos vacías, claro. Y la guadaña que llevaba al hombro era otra pista. Mientras Rincewind la miraba horrorizado, una pareja de amantes, riéndose de algún chiste privado, atravesaron la aparición sin darse cuenta de nada.

La Muerte parecía sorprendida, al menos hasta donde puede parecerlo un rostro sin rasgos móviles.

- ¿Rincewind? -dijo la Muerte, en tonos tan profundos y pesados como puertas de plomo cerrándose en una cavidad subterránea.

- Hummm... -respondió Rincewind, intentado apartarse de la mirada sin ojos

- Pero... ¿qué haces tú aquí?

(Bum, bum, lápidas de criptas en sólidas montalas antiguas, comidas por los gusanos...)

- Hummm... ¿por qué no iba a estar aquí? -se las arregló para responder Rincewind-. Además, estoy seguro de que tienes mucho que hacer, así que te dejo...

- Me sorprende que te hayas tropezado conmigo, Rincewind, porque tengo una cita contigo esta misma noche.

- Oh, no, no...

- Pero claro, lo jodido del asunto es que esperaba encontrarte en Psephopololis. 

- ¡Pero eso está a casi a ochocientos kilómetros!

- No hace falta que me lo recuerdes. Ya veo que se me ha vuelto a descuajaringar todo el sistema. Oye, mira, ¿no te importaría...?

Rincewind retrocedió, extendiendo las manos frente a él como para protegerse. En una caseta cercana, el vendedor de pescado seco contempló a aquel loco con interés.

- ¡Ni pensarlo!

- Puedo prestarte un caballo muy rápido -ofreció la Muerte.

- ¡No!

- No dolerá nada

- ¡No!

Rincewind se dio la vuelta y echó a correr. La Muerte le miró alejarse, y se encogió de hombros con gesto de fastidio.

- Pues que te den por culo -dijo la Muerte.

Se dió la vuelta y vió al vendedor de pescado. Con un gruñido, la Muerte extendió un dedo literalmente huesudo, y detuvo el corazón del hombre. Pero no le sirvió de consuelo.

Terry Pratchett / 
"El color de la magia"

lunes, 25 de agosto de 2008

Celebración de la fantasía

Fue a la entrada del pueblo de Ollantaytambo, cerca del Cuzco. Yo me había despedido de un grupo de turistas y estaba solo, mirando de lejos las ruinas de piedra, cuando un niño del lugar, enclenque, haraposo, se acercó a pedirme que le regalara una lapicera. No podía darle la lapicera que tenía, por que la estaba usando en no sé que aburridas anotaciones, pero le ofrecí dibujarle un cerdito en la mano.

Súbitamente, se corrió la voz. De buenas a primeras me encontré rodeado de un enjambre de niños que exigían, a grito pelado, que yo les dibujara bichos en sus manitas cuarteadas de mugre y frío, pieles de cuero quemado: había quien quería un cóndor y quién una serpiente, otros preferían loritos o lechuzas y no faltaba los que pedían un fantasma o un dragón.

Y entonces, en medio de aquel alboroto, un desamparadito que no alzaba mas de un metro del suelo, me mostró un reloj dibujado con tinta negra en su muñeca:

- Me lo mandó un tío mío, que vive en Lima -dijo

- ¿Y anda bien? -le pregunté

- Atrasa un poco -reconoció.


Eduardo Galeano / "El libro de los abrazos"

martes, 5 de agosto de 2008

Inicio

"No hay fin, y no hay principio.
Todos empezamos en las nubes de Atu,
hechos de la misma materia
que las estrellas"

Cuando yo era una niña y el mundo se quebró, pensé que mi vida se quedaría siempre rota por aquella noche en las montañas: el día anterior, el día posterior. Nada volvería a ser igual. Recuerdo ese ruido como de trueno cuando llegó el terremoto, el olor a sangre y cenizas en el aire, la sensación granulosa en mi piel debido al polvo del palacio destruido y el sabor metálico del miedo y la pérdida en la lengua. Recuerdo la sorpresa que sentí al ver salir el sol aquella mañana. Pero el sol salió, como siempre hacía, como siempre haría. Yo viví y el mundo que conocía murió.

Crecí en este mundo nuevo y pensé que nada volvería jamás a hacerme daño. Pero pronto aprendí que hay muchos lugares donde el dolor se puede esconder en esta vida terrenal que nos dan para vivir, fuera del reino bendito de Cahan, los Tres Cielos donde moran los Inmortales. Fui amada por aquellos que nacieron para amarme, mi madre, mis hijos, y por los que decidieron amarme, mi esposo y las hermanas de mi corazón. Los perdí o sobreviví a todos; ahora soy una anciana y a la luz de las estrellas espero a que el sol salga otra vez en un nuevo día, aguardo el momento en que salga el sol y vea el amanecer en las orillas de ese río que debo cruzar antes de estar de nuevo con aquellos a los que he amado.

Todas las mujeres de Syai reciben el don del juramento secreto, la promesa eterna, el vínculo que no se rompe. Compartí mi vida con una alquimista, una sabia, una guerrera, una nómada, una cabecilla de los rebeldes, una curandera y una Emperatriz que soñaba con la inmortalidad y estuvo a punto de destruirnos a todas. Los años de la hermandad. Los años de jin-shei.

(Año 28 del Emperador de la Estrella)


Alma Alexander / "El lenguaje secreto del Jin-Shei"

jueves, 24 de julio de 2008

"Dorian Gray siempre estará vivo"


Tumba de Oscar Wilde
Cementerio Père Lachaise (París)


- Es tu mejor obra, Basil, lo mejor que nunca has hecho, -dijo Lord Henry en tono lánguido-. Desde luego, el año próximo debes enviarla a la Grosvenor. La Academia es demasiado grande y demasiado vulgar. [...]

- No creo que la envíe a ningún sitio- replicó el pintor, echando hacia atrás la cabeza con aquel singular gesto que en Oxford hacía reír a sus amigos- No, no la enviaré a ninguna parte.

Lord Henry enarcó las cejas y lo miró atónito a través de las leves espirales azules de humo que ascendían rizándose en caprichosos remolinos desde su cigarrillo de opio.

- ¿No la enviarás a ninguna parte? ¿Por qué, mi querido amigo? ¿Tienes alguna razón? ¡Qué tipos tan raros sois los pintores! Hacéis cualquier cosa por ganaros una reputación. Y tan pronto como la conseguís, parece que vuestro único deseo es arrojarla por la borda. Es una tontería, porque en el mundo sólo hay algo peor a que todos hablen de uno, y es que no se hable. [...]

- Sé que te reirás de mi- respondió-, pero realmente no puedo exponerlo. He puesto demasiado en él de mi mismo. [...] Si, sabía que te reirías; pero a pesar de todo es la pura verdad.

- ¡Demasiado de ti mismo! Palabra, Basil, no sabía que fueras tan vanidoso; y te aseguro que no consigo ver el menor parecido entre tú, con tu rostro de rasgos duros y tu pelo negro como el carbón, y este joven Adonis que parece hecho de marfil y pétalos de rosa. Vamos, mi querido Basil, él es un Narciso, y tú... bueno, desde luego tu tienes una expresión intelectual y todo eso. Pero la belleza, la verdadera belleza, acaba donde empieza una expresión intelectual. La inteligencia es en sí misma una exageración, y destruye la armonía de cualquier cara. En el momento en que uno se sienta a pensar, se vuelve todo nariz, o todo frente, o alguna cosa horrible. Fíjate en todos los hombres que triunfan en en las profesiones cultas. ¡Son realmente horrorosos! Salvo en la Iglesia, por supuesto. Pero es que en la Iglesia no piensan. [...] Tú joven y misterioso amigo, cuyo nombre todavía no me has dicho, pero cuyo retrato me fascina realmente, no piensa nunca. De eso estoy totalmente seguro. Es alguien sin cerebro, una hermosa criatura que debería de estar aquí siempre en invierno cuando no tenemos flores que mirar, y siempre en verano cuando necesitamos algo para enfriar nuestra inteligencia. No te hagas ilusiones Basil, no te pareces a él en nada.

- No me comprendes Harry. Naturalmente que no me parezco a él. ¿Te encoges de hombros? Te estoy diciendo la verdad. En toda distinción física e intelectual hay una fatalidad, esa especie de fatalidad que parece perseguir a lo largo de la Historia los pasos vacilantes de los reyes. Más vale no diferenciarse en nada de los demás. Los feos y los estúpidos se llevan la palma en este mundo. Pueden sentarse a sus anchas y contemplar boqueabiertos la farsa. Si no saben nada de la victoria, por lo menos se ahorran el conocimiento de la derrota. Viven como todos nosotros deberíamos vivir, tranquilos, indiferentes y sin desasosiego. No llevan a la ruina a los demás, ni nunca la reciben de menos ajenas. Tu rango y tu fortuna, Henry; mi talento, sea el que sea, mi arte, valga lo que valga; la belleza de Dorian Gray: todos tendremos que sufrir, y sufrir terriblemente, por lo que los dioses nos han dado.

- ¿Dorian Gray? ¿Es ese su nombre?

- Sí, ése es su nombre. No tenía intención de decírtelo.

- ¿Y por qué no?

- No podría explicarlo.


- Oscar Wilde  
"El retrato de Dorian Gray"
 


Paseando por Père Lachaise, buscando encontrar lo que pudiera quedar de una persona que me ha dicho tanto sin llegar a pronunciar sonido alguno, no podía dejar de recordar estas palabras.

"Dorian Gray siempre estará vivo" o eso es lo que estaba escrito en un hueco, perfilado entre mil besos, escondido en la parte de atrás.

miércoles, 2 de julio de 2008

El alma a los pies

Es imposible leer esto y no esbozar una sonrisa, sonrisa que pasará en un segundo a convertirse en tristeza. Es imposible escucharlo sin sentir que el corazón se te encoje un poquito.


"Vaya uno a saber cómo será el mundo más allá del año 2000. Tenemos una única certeza: si todavía estamos ahí, para entonces ya seremos gente del siglo pasado y, peor todavía, seremos gente del pasado milenio. Sin embargo, aunque no podemos adivinar el mundo que será, bien podemos imaginar el que queremos que sea.

El derecho de soñar no figura entre los treinta derechos humanos que las Naciones Unidas proclamaron a fines de 1948. Pero si no fuera por él, por el derecho de soñar y por las aguas que da de beber, los demás derechos se morirían de sed. Así que, vamos a delirar. Deliremos, por un ratito. El mundo, que está patas arriba, se pondrá sobre sus pies:

En las calles, los automóviles serán pisados por los perros.

El aire estará limpio de los venenos de las máquinas, y no tendrá más contaminación que la que emana de los miedos humanos y de las humanas pasiones.

La gente no será manejada por el automóvil, ni será programada por la computadora, ni será comprada por el super-mercado, ni será contemplada por el televisor. El televisor dejará de ser el miembro más importante de la familia, y será tratado como la plancha o el lavarropas.

La gente trabajará para vivir, en lugar de vivir para trabajar.

En ningún país irán presos los muchachos que se nieguen a hacer el servicio militar, sino los que quieran hacerlo.

Los economistas no llamarán nivel de vida al nivel de consumo, ni llamarán calidad de vida a la cantidad de cosas.

Los cocineros no creerán que a las langostas les encanta que las hiervan vivas.

Los historiadores no creerán que a los países les encanta ser invadidos.

Los políticos no creerán que a los pobres les encanta comer promesas.

El mundo ya no estará en guerra contra los pobres, sino contra la pobreza, y la industria militar no tendrá más remedio que declararse en quiebra por siempre jamás.

Nadie morirá de hambre, porque nadie morirá de indigestión.

Los niños de la calle no serán tratados como si fueran basura, porque no habrá niños de la calle. Los niños ricos no serán tratados como si fueran dinero, porque no habrá niños ricos.

La educación no será el privilegio de quienes puedan pagarla, ni la policía no será la maldición de quienes no puedan comprarla.

La justicia y la libertad, hermanas siamesas condenadas a vivir separadas, volverán a juntarse, bien pegaditas, espalda contra espalda.

Una mujer, negra, será presidente de Brasil y otra mujer, negra, será presidente de los Estados Unidos de América. Una mujer india gobernará Guatemala y otra, Perú.

En Argentina, las locas de Plaza de Mayo serán un ejemplo de salud mental, porque ellas se negaron a olvidar en los tiempos de la amnesia obligatoria.

La Santa Madre Iglesia corregirá algunas erratas de las piedras de Moisés. El sexto mandamiento ordenará: "Festejarás el cuerpo". El noveno, que desconfía del deseo, lo declarará sagrado.

La Iglesia también dictará un undécimo mandamiento, que se le había olvidado al Señor: "Amarás a la naturaleza, de la que formas parte".

Todos los penitentes serán celebrantes, y no habrá noche que no sea vivida como si fuera la última, ni día que no sea vivido como si fuera el primero"

- Eduardo Galeano.

En el amor y en la guerra...

Las palabras justas, ni una más ni una menos, las que busco y no encuentro (o encuentro y no consigo conjugar), en algun momento él las hizo suyas. Ahora yo me permito tomarlas prestadas ya que el sentimiento es compartido.



TÁCTICA Y ESTRATEGIA

"Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos.

Mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible.

Mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos.

Mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos
no haya telón
ni abismos.

Mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple.

Mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites"

- Mario Benedetti

domingo, 15 de junio de 2008

¿Qué es escritor?

"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela: su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio"

- Carlos Ruiz Zafón
"El juego del ángel"


Llevaba varios días con ganas de poner este fragmento y curioseando por casualidad me encuentro con que no soy la única. Más casualidades que, cómo se decía en La sombra del Viento, "son las cicatrices del destino".

viernes, 6 de junio de 2008

"Las palabras se gastan"

Las palabras dormían.

Se habían puesto encima de las ramas de los árboles y habían dejado de moverse. Nosotros caminábamos despacio sobre la arena para no despertarlas. Estúpidamente, yo intentaba escuchar: me hubiese gustado tanto sorprender sus sueños... Lo daría todo por saber qué les pasa por la cabeza a las palabras. Pero no escuché nada. Quizás sólo el soplo del planeta avanzando en la noche.

Nos acercábamos a un edificio no muy iluminado por una cruz roja temblorosa.

- Esto es el hospital - murmuró el señor Henri.

Tuve un escalofrío. ¿El hospital? ¿Un hospital para las palabras? No me lo podía creer. Me sentí avergonzada. Alguna cosa me decía que de sus males éramos nosotros, los humanos, los responsables.

En el hospital de palabras no había recepción ni enfermeras. Los pasillos estaban vacíos. Sólo nos guiaba la claridad azul de los pilotes. Aún yendo con cuidado, la suela de los zapatos hacía ruido sobre el suelo. Como respondiéndonos, se oyó un ruido muy flojito. Dos veces. Un gemido suave. Pasaba por debajo de una de las puertas, como una carta dejada muy discretamente, para no molestar.

El señor Henri me miró un momento y decidió entrar. Allí, inmóvil en una cama, había una pequeña frase muy conocida... demasiado conocida.

"Te quiero"

Dos palabras delgadas y pálidas, tan pálidas... Las letras destacaban con esfuerzo sobre la blancura de las sábanas. Dos palabras conectadas cada una con un tubo de plástico a un aparato lleno de líquido.

Me pareció que la pequeña frase nos sonreía. Me pareció que nos hablaba:

- Estoy un poco cansada. Quizás es que he trabajado demasiado. Debo descansar.
- Venga, venga, "Te quiero" - le respondió el señor Henri - Te conozco. Hace mucho tiempo que existes. Eres fuerte. Unos cuantos días de reposo y estarás curada.

La consoló durante largo rato con todas esas mentiras que se dicen a los enfermos. Puso sobre la frente de "Te quiero" un guante de baño húmedo con agua fresca.

[...]

- Ven, Jeanne - me dijo el señor Henri - Parece que se ha dormido. Ya volveremos mañana.
- Pobre "Te quiero"... ¿Conseguiremos salvarla?

El señor Henri estaba tan dolido como yo. Las lágrimas me hacían un nudo en la garganta. No podían subir hasta los ojos. Llevamos en nosotros lágrimas demasiado pesadas, que nunca podremos llorar.

- "Te quiero"... Todo el mundo dice y vuelve a decir "Te quiero"... Se debe ir con cuidado con las palabras. No se deben repetir a diestro y siniestro. Ni utilizarlas sin pensar, las unas por las otras, contando mentiras. Las palabras se gastan. Y, a veces, es demasiado tarde para salvarlas.


- Erik Orsenna
"La gramática es una dulce canción"

lunes, 12 de mayo de 2008

Instrucciones para cantar

"Empiece por romper los espejos de su casa, deje caer los brazos, mire vagamente la pared, olvídese. Cante una sola nota, escuche por dentro. Si oye (pero esto ocurrirá mucho después) algo como un paisaje sumido en el miedo, con hogueras entre las piedras, con siluetas semidesnudas en cuclillas, creo que estará bien encaminado, y lo mismo si oye un río por donde bajan barcas pintadas de amarillo y negro, si oye un sabor a pan, un tacto de dedos, una sombra de caballo.

Después compre solfeos y un frac, y por favor no cante por la nariz y deje en paz a Schumann"

- Julio Cortázar / "Historias de Cronopios y de Famas"

(No estaría mal ser muda X días al año)

martes, 6 de mayo de 2008

"Me basta así"

"Si yo fuera Dios
y tuviese el secreto,
haría
un ser exacto a ti;
lo probaría
(a la manera de los panaderos
cuando prueban el pan, es decir:
con la boca),
y si ese sabor fuese
igual al tuyo, o sea
tu mismo olor, y tu manera
de sonreír,y de guardar silencio,
y de estrechar mi mano estrictamente,
y de besarnos sin hacernos daño
-de esto sí estoy seguro: pongo
tanta atención cuando te beso;
entonces,
si yo fuese Dios,
podría repetirte y repetirte,
siempre la misma y siempre diferente,
sin cansarme jamás del juego idéntico,
sin desdeñar tampoco la que fuiste
por la que ibas a ser dentro de nada;
ya no sé si me explico, pero quiero
aclarar que si yo fuese
Dios, haría
lo posible por ser Ángel González
para quererte tal como te quiero,
para aguardar con calma
a que te crees tú misma cada día,
a que sorprendas todas las mañanas
la luz recién nacida con tu propia
luz, y corras
la cortina impalpable que separa
el sueño de la vida,
resucitándome con tu palabra,
Lázaro alegre,
yo,
mojado todavía
de sombras y pereza,
sorprendido y absorto
en la contemplación de todo aquello
que, en unión de mí mismo,
recuperas y salvas, mueves, dejas
abandonado cuando -luego- callas...
(Escucho tu silencio.
Oigo
constelaciones: existes.
Creo en ti.
Eres.
Me basta)"

- Ángel Gonzalez

(y a mi también...)

domingo, 4 de mayo de 2008

Museo de ecos y sombras

"Este lugar es un misterio, Daniel, un santuario. Cada libro, cada tomo que ves, tiene alma. El alma de quién lo escribió, y el alma de quienes lo leyeron y vivieron y soñaron con él. Cada vez que un libro cambia de manos, cada vez que alguien desliza la mirada por sus páginas, su espíritu crece y se hace fuerte. Hace ya muchos años, cuando mi padre me trajo por primera vez aquí, este lugar ya era viejo. Quizá tan viejo como la misma ciudad. Nadie sabe a ciencia cierta desde cuando existe, o quiénes lo crearon. Te diré lo que mi padre me dijo a mi. Cuando una biblioteca desaparece, cuando una librería cierra sus puertas, cuando un libro se pierde en el olvido, los que conocemos este lugar, los guardianes, nos aseguramos de que llegue aquí. En este lugar, los libros que ya nadie recuerda, los libros que se han perdido en el tiempo, viven para siempre, esperando llegar algún día a las manos de un nuevo lector, de un nuevo espíritu. En la tienda nosotros los vendemos y los compramos, pero en realidad los libros no tienen dueño. Cada libro que ves aquí ha sido el mejor amigo de alguien. Ahora sólo nos tienen a nosotros."

- Carlos Ruiz Zafón
"La sombra del viento"